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Cultura

CULTURA
Sueños cumplidos
Una cantante de country alavesa y una joven vitoriana, ambas admiradoras de Norah Jones, conocieron a su ídolo entre bambalinas
23.07.07 -
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Sueños cumplidos
INOLVIDABLE. Norah Jones posa junto a Alicia Mesanza. / EL CORREO
Los aplausos aún tronaban en la cancha, la seguridad excesiva de la cantante se esmeraba en controlar lo incontrolable, los fans formaban una ordenada cola en busca del autógrafo de rigor y ella, Norah Jones, resoplaba el cansancio tras la actuación.

Alicia Mesanza suele transformarse en Linda Lobo para cantar country junto a Jack Carmine. El sábado, la alavesa tenía la mirada perdida. Gozó del recital analizando cada gesto de la estrella, le desbordaba la pasión. «Su voz acaricia el alma», expresaba.

Cerca, una joven, Miren Ibarra, tenía otra visión de la gala. Reía espontánea y nerviosa a la espera de la cita prometida. A sus 16 años, la joven está curtida en la vida. Ama la música, toca el piano desde que tenía cinco años y ha sido alumna de la Juilliard School durante el seminario que han impartido a lo largo del festival.

Ambas chicas aguardaban lo mismo. Retorcían inquietas el disco en sus manos, comprobaban la batería de sus cámaras de fotos y pensaban en qué iban a decir ante la estrella. Las dos fueron seleccionadas por Pedro García, de El Corte Inglés, para que conociesen a Norah Jones. Una pegatina transformó a las melómanas en vips.

Minutos después de la última canción, Alicia y Miren traspasaron la frontera de seguridad y se internaron en el extraño laberinto que se retuerce detrás del escenario. En un gran gimnasio repleto de todo tipo de bicicletas y máquinas de entrenamiento apareció Norah. Menuda, sonriente, guapa y muy cercana. Vestía una camiseta gris y unos leggins oscuros, despojada de glamour. Saludó a sus invitadas con un par de besos, ósculos inolvidables. «Me ha gustado cantar aquí, el público es fantástico», comentó la norteamericana mientras plasmaba su firma.

«Has estado magnífica, ha sido una noche especial», le dijo excitada Alicia. «Yo versiono algunas canciones tuyas», le informó. «¿Qué interesante! Es genial», respondió Norah Jones mientras abría curiosa un regalo que le brindaba la alavesa: una taza de café con la foto de un perro y una mariquita roja que da buena suerte. «Gracias, la utilizaré», anunció la neoyorquina.

Una instantánea recordará el encuentro propiciado por El Corte Inglés, que se ha esmerado este año en fundirse con el jazz vitoriano. Ellas, las fans satisfechas, compartieron la experiencia con Sergio García, un andaluz que vino desde Jerez para ver de cerca a Norah. El festival le premió eligiéndole para que le entregara un ramo de flores a la artista. Sueños cumplidos.
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