
La noticia, publicada el pasado jueves por EL CORREO, fue el comentario dominical de las cientos de personas que acudieron ayer a San Mateo. En todos los corrillos se hablaba de la presunta estafa y de las palabras pronunciadas por el párroco. «Don Luis Ángel hace muy bien en desligarse del caso. Esto no ha sido una acción pastoral. Mientras no cogiese dinero de la parroquia, es algo privado. Es como si nos estafasen a nosotros», comentaban algunos feligreses.
Todos conocían al sacerdote, algunos «entendían» lo ocurrido, aunque otros no dudaron en mostrar su extrañeza por la elevada cantidad de euros prestada a los presuntos estafadores. «¿Quién no ha donado dinero para ayudar a alguna persona o institución?», aseguraba Encarna. «Ya, pero 983.000 euros son una barbaridad. ¿Cómo pudo desprenderse el sacerdote de la herencia de su madre y vender su piso en Salou para dar tanto dinero a ese matrimonio?», le replicaba otra parroquiana.
Concha Feijoó salió de misa conmocionada. «He estado fuera y no sabía nada. Me lo contó una vecina», indicaba. «Tengo mucha amistad con él porque suelo ir a limpiar la iglesia de Coronación, donde daba algunas misas», aseguraba. La mujer recuerda muy bien a la víctima. «Era una bella persona». Y, al instante, encontraba la respuesta a sus desgracias. «Cuando ayudaba en San Mateo, ya le regañaban porque era demasiado bondadoso. Le decían: 'Esto no puede ser así, José, tienes que cambiar'», explicaba.
María, otra asidua de la iglesia desde hace años, confiaba plenamente en la bondad del párroco. «Era un hombre muy entregado a los demás y de mucha valía. Ha sido una víctima en todo esto. A las buenas personas es a las que las estafan. A las malas no», se lamentaba.
«Que pueda salir del lío»
La mujer conocía a varias de las personas que junto con el cura J.G.S. habían entregado dinero a la pareja. «Pese a que algunas han dado bastante, no se han quedado en la calle. No como el pobre don José, que confío en que tenga fe para salir de este lío», apuntaba esperanzada. «Ahora, le toca el turno a la Policía, que tiene que castigar a esa mujer», agregaba.
La 'excesiva' bondad de J.G.S. hacía desconfiar a Alejandra Martín y María López. «No ha sido inteligente. A las personas buenas y espabiladas no les ocurre esto», precisaban. «Yo no daría dinero a una persona si no lo tengo», añadía la primera. Ninguna de las dos entendía que el sacerdote hubiese llegado incluso a pedir créditos en alguna entidad bancaria para seguir aportando miles de euros al matrimonio denunciado. «Además, me parece raro que se esconda después de la denuncia. Si fuera yo, daría mi versión».







