Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |
ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Cultura

CULTURA
La burbuja roja
El equipo de Norah Jones se preocupó de mantener inaccesible a la estrella, obsesionada con el color carmín
22.07.07 -
Vota
0 votos

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
La burbuja roja
RESERVADA. Norah Jones en el inicio del concierto. / N. GONZÁLEZ
Dos enormes autobuses negros, con cristales tintados y con la marca 'Beat the Street. Nightliner' aparcaban junto al pabellón de Mendizorroza hacia las nueve de la mañana de ayer. La banda y los técnicos de Norah Jones, estrella incluida, llegaban desde Barcelona, donde había tenido lugar el concierto de la noche del viernes. Allí aguardaban varios técnicos de la organización del Festival de Jazz, que conectaron a la corriente del polideportivo los cables de los autocares, para que sus ocupantes dispusieran de aire acondicionado y otras comodidades sin tener el motor encendido. También disfrutaron a fondo de la conexión 'wifi' preparada por el equipo de Iñaki Añúa, que se empleó a fondo para tener contenta a la neoyorquina criada en Texas.

Además, los cuatro camerinos, con moquetas, muebles de diseño, iluminación especial y muchas plantas -y centros de flores para la cantante- estaban dispuestos. Había un par para los miembros masculinos de la banda, otro estaba destinado a los técnicos y el cuarto, para Norah y su vieja amiga -se conocieron con 14 años- la cantante y flautista Daru Oda.

Casi todo el mundo bajó a desayunar -ella, Norah, prefirió que le llevaran algo al bus- y disfrutó del catering del restaurante vitoriano Saburdi. En la parte de almacenes del pabellón, unas sábanas con suave iluminación anaranjada y una moqueta roja enmarcaban la media docena de mesas preparada al efecto. Más tarde, el mismo recinto iba a servir para que el grupo comiera, cenase -a las seis de la tarde, pero la prueba de sonido se alargó un rato más- y pudiera tomar su última comida antes de partir en los buses, tras el 'bolo'. Eso sí, para el viaje hacia la próxima cita -esta noche en Lisboa- disponían de pizzas si querían matar al gusanillo.

Lejos de quedarse con esto último, el menú en Vitoria era amplio, fresco y sabroso. Había fruta, vegetales, carne, pescado,... de todo. Aparte de los platos 'serios', hubo variados pinchos -por ejemplo, de atún marinado en soja-, que un cocinero preparó in situ. Pero la la pequeña -en estatura- gran -en ventas- diva es de dar de comer aparte y, en general, prefirió estar a su aire.

Lo mismo sucedió cuando, tras almorzar, los músicos y técnicos aceptaron un total de siete habitaciones en el hotel NH Canciller Ayala. Allí se acercaron, para darse una duchita y demás. Luego, a la hora de volver para probar el sonido en el polideportivo, Daru Oda y el batería Andy Borger llegaron en un coche hacia las 16.30 horas. Quince minutos más tarde, lo hicieron el guitarra Adam Levy y el bajista y novio de la cantante, Lee Alexander. A las 17.05 hizo lo propio Norah, con unas gafas de sol en la frente, una camiseta gris y una chupa verde.

Manda Jones

Pero éste no era el color. Era el rojo. El equipo de Jones se trajo todo el material de escenario en este color: monitores y cajas forradas de tonos carmín, incluso un piano -un pequeño Yamaha, provisto de conexión MIDI, al que la Jones le tiene gran cariño- o los detalles de escenario se inscribían en esta gama cromática.

El equipo de la artista se trajo todo el material, incluido el fondo de escenario. También se trajo una serie de requisitos dignos de destacar, que motivaron todo el despliegue anterior: jamás en la historia del Festival de Jazz de Vitoria hubo tal montaje para nadie. Ni Clapton, ni Collins, ni Ella, ni Miles, ni Van Morrison,... lo que hacen las ventas de discos y los Grammy.

Pero, sobre todo, ella es sencilla y espiritual. Hubo que montarle una sala de masaje y meditación. Y es que donde hay patrón, no manda marinero. Manda Jones.
Vocento
SarenetRSS