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Cultura

CULTURA
Un público de sólo unos cuantos
Unas trescientas personas escucharon el concierto en el que músicos vascos tocaron junto a figuras americanas
18.07.07 -
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Un público de sólo unos cuantos
RUPER ORDORIKA acompañado por los grandes músicos americanos de la Juilliard School de Nueva York. / JAVIER MINGUEZA
Por desgracia sólo unas trescientas personas adquirieron sus entradas para asistir el lunes a la oferta Konexioa, donde se juntaron músicos vascos y americanos para intercambiar experiencias. El pabellón de Mendizorroza presentaba, por tanto, un aspecto bastante triste. Organizar este triple concierto fuera del abono general, como una entrada independiente para el lunes y nada menos que por veinte euros, pudo influir de forma importante.

Personas próximas a la organización comentaban que quizás hubiera sido mejor incluir el experimento en el paquete normal de entradas. Los músicos locales de jazz son poco conocidos y, por lo tanto, no tienen tirón por sí mismos para llenar el polideportivo. Los abonados ya hacen suficiente esfuerzo económico y físico durante toda la semana como para, además, asistir a algo presentado como experimento. A lo mejor, como comentaba otro músico local que no había participado en Konexioa, sería mejor que cada grupo actuara como telonero de algún artista de relumbrón y, así, hacerse más conocidos. Cualquiera que sea la solución es de esperar que cosas iguales o parecidas a Konexioa se repitan en años sucesivos.

Éxito musical

El concierto comenzó con el grupo del batería Hasier Oleaga que interpretó sobre todo estándares junto al gran trombonista Wylcliffe Gordon, el trompetista Terell Stafford y el saxo alto de Donald Harrison. Los americanos, en sus solos e improvisaciones, demostraron su incomparable nivel, pero los locales no quedaban a la zaga. Hasier Oleaga es un batería de extraordinaria elegancia y con ese toque de finura necesario para ser una voz del conjunto que es simultáneamente discreta e imprescindible. El contrabajista Juan Pablo Balcázar demostró ser un todoterreno, capaz de seguir cualquier ritmo y adornar todas las melodías con gran sutileza. El guitarrista Alejandro Mingot tuvo oportunidad de lucirse y lo hizo, así como el saxo tenor Miguel 'Pintxo' Villar.

Los hermanos bilbaínos Víctor y Juan de Diego -saxo tenor y trompeta, respectivamente- hicieron un concierto basado en su totalidad en composiciones propias. Estaban acompañados por un trío rítmico de excepción: el fenomenal pianista Eric Reed, el contrabajista Ben Wolfe y el batería Carl Allen. La música fue, para muchos, un descubrimiento: dos aún jóvenes músicos vascos, si bien aclimatados en Cataluña, capaces de hacer jazz así de bien.

El fin de fiesta lo puso Ruper Ordorika con tres canciones. La primera, 'Hondartza Galduan', acompañada sólo por su propia guitarra y la trompeta de Terell Stafford, en un momento de insuperable compenetración. Luego, junto al cantante salieron parte del grupo de Oleaga y los instrumentistas de viento americanos. Bien, pero no tan logrado como el primer tema. Eso sí, el público pidió que la música continuara. Fueron pocos, pero convencidos.
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