
El Gran Telescopio Canarias (GTC) es la más fuerte de las apuestas de la astronomía española. Se han invertido ya en él 104 millones de euros -cuando esté en pleno funcionamiento serán 130- y 7 años de trabajos desde que, el 2 de junio de 2000, el Príncipe de Asturias puso su primera piedra. Felipe de Borbón regresó ayer al Observatorio del Roque de los Muchachos para presidir la recepción de la primera luz por parte del espejo primario, el equivalente de la botella de champán estrellada contra el casco para los barcos.
Fue a las 23 horas en Canarias, a medianoche en la Península, cuando se abrió la cúpula plateada del observatorio -extraordinariamente brillante a la luz del día-: las 450 toneladas del telescopio apuntaron al cielo, la estrella Polar se reflejó en las 12 teselas hexagonales del espejo principal ya colocadas -el equivalente a un espejo de 4,5 metros- y las doce imágenes se fundieron en una. Queda ahora por delante un largo año de ajustes antes de que se comience a hacer ciencia de vanguardia.
«Nuestra pólvora»
El GTC es un proyecto del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), en el que han participado los gobiernos autónomo y central, además de dos instituciones extranjeras. El Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología de México y la Fundación para la Investigación de la Universidad de Florida costean, cada uno, un 5% del telescopio, lo que les da derecho a disponer de un 5% del tiempo de observación para sus científicos. Como nuestro país ha financiado el 90%, tiene reservado un porcentaje similar en tiempo, lo que permitirá a la astronomía española seguir escalando puestos en el 'ranking' mundial.
«Hasta ahora, hemos disparado con pólvora ajena. El gran salto que ha dado la astronomía española en las últimas décadas, que hemos pasado de nada a estar entre los primeros países del mundo, se ha hecho gracias al cielo de Canarias y a instrumentos de otros. Ésta es la primera vez que nuestro país se gasta dinero en serio en astronomía. Además, conseguimos que España siga en Primera. De nada nos serviría tener unos cielos increíblemente buenos para la astronomía sin estos telescopios», explica Francisco Sánchez, director del IAC.
La astronomía óptica se basa en la capacidad de los telescopios para captar la luz. Cuanto más grande es el espejo principal de uno de estos aparatos, más luz capta y más información puede extraerse de ella. El problema es que existe un límite tecnológico al fabricar un espejo, que ronda los 8 metros. Además, transportar una pieza de esas dimensiones hasta lo alto del Roque los Muchachos entrañaría enormes dificultades. «Nos obligaría a destruir bosques porque, si no, no podría subir hasta aquí», indica José Miguel Rodríguez Espinosa, director científico del GTC. Esos inconvenientes llevaron a los responsables del proyecto a apostar por un espejo primario segmentado, como los que tienen los telescopios Keck de Hawai, los más potentes el mundo hasta la llegada de la joya de la astronomía española.
La pupila del telescopio tendrá dentro de un año 10,4 metros de diámetro y se habrá construido como un rompecabezas de piezas hexagonales, cada una de 1,9 metros y 470 kilos. El espejo principal pesará 18 toneladas y estas piezas -que forman una especie de cuenco muy abierto- no estarán separadas entre sí más de 3 milímetros. Las 42 teselas -36 colocadas y 6 de repuesto- han sido fabricadas en Alemania y pulidas en Francia con un límite de error 3.000 veces menor que el grosor de un pelo. El GTC contará con otros dos espejos menores que redirigirán la luz captada hasta los siete instrumentos posibles.
Espejos e instrumental pesan 450 toneladas y están integrados en una estructura que reposa sobre una base circular. Todo el conjunto gira, independientemente de la cúpula, para apuntar el telescopio hacia el punto del cielo elegido. Como la estructura flota sobre una fina capa de aceite, cualquiera puede hacerla girar. Basta con colocarse fuera del 'tiovivo' y empujar una de las vigas para que las 450 toneladas del telescopio empiecen a moverse.
Ya hoy, con sólo un tercio de su espejo en servicio, el GTC es el más potente e impresionante de los telescopios del Roque de los Muchachos. Pero, en plenas facultades, sería capaz de ver la luz de una vela encendida en la Luna, que está a unos 400.000 kilómetros. Concentrará su actividad en tres frentes: hacer un mapa de los objetos más lejanos y, por tanto, más antiguos del Universo; estudiar las galaxias más próximas a la nuestra; y buscar planetas extrasolares como la Tierra y observar las estrellas de neutrones y los agujeros negros. «Podremos ver objetos de cuando el Universo tenía sólo el 10% de su edad actual», indica Rodríguez Espinosa. Gracias a otro telescopio, el 'Hubble', los científicos han podido calcular que la explosión en la que comenzó todo. El llamado Big Bang sucedió hace unos 13.700 millones de años. Y el espejo del 'Hubble' es de sólo 2,4 metros de diámetro.
El más avanzado
El telescopio usará dos técnicas para que esa luz que capte su espejo principal dé imágenes de calidad que permitan a los astrónomos ahondar en el conocimiento del Universo. Se conocen como óptica activa y óptica adaptativa. La primera actúa sobre el espejo primario y es un sistema informático que garantizará que, cuando el telescopio siga un objeto astronómico cualquiera, los 36 segmentos se muevan y se deformen para permanecer correctamente alineados y evitar aberraciones.
La óptica adaptativa convertirá el GTC en un telescopio espacial, ya que eliminará las perturbaciones producidas por la atmósfera terrestre. «La diferencia que introduce esta técnica es comparable a la que existe entre mirar algo que está en el fondo de una piscina con agua o sin agua», ilustra Rodríguez Espinosa.
Más de mil personas y un centenar de empresas han intervenido en el diseño, construcción y montaje del GTC. El proyecto ha supuesto un importante reto innovador para la industria española, que ha desarrollado más del 70% de la tecnología. «El GTC supone un paso más en el afán por hacer más y mejor ciencia, y por promover el desarrollo tecnológico e industrial», dijo la ministra de Educación y Ciencia, Mercedes Cabrera.






