
Conrad Black nació en Montreal hace 62 años en una rica familia cervecera. Su primer negocio le causó problemas. Fue expulsado de una distinguida escuela privada por vender preguntas de exámenes robadas.
Muy joven comenzó a invertir en pequeños semanarios canadienses y más tarde en diarios. Luego, expandió la sociedad Holinger por todo el mundo. En los años noventa era propietaria de cientos de periódicos, en Estados Unidos, en Canadá, en Israel. En Reino Unido, Holinger era dueña del prestigioso 'Daily Telegraph'.
En su consejo de administración se sentaban Henry Kissinger o el profeta 'neocon' Richard Perle. Sus fiestas eran famosas. A una de disfraces acudió ataviado de cardenal Richelieu. Su mujer, de María Antonieta.
Hay quien achaca su caída a la separación de su primera esposa, con quien había tenido dos hijos, y a su matrimonio con Barbara Amiel, periodista apasionadamente conservadora, que un día declaró que su extravagancia no conoce fronteras. Su casa en Londres fue redecorada con un coste superior a los cinco millones de euros. Había sido la vivienda de Alan Bond, culpable del mayor fraude en la historia de Australia. En esa casa del barrio de Kensington vive ahora el ex presidente de Telefónica, Juan Villalonga.
Sus problemas comenzaron en el principio del siglo. Accionistas de la compañía criticaron que la empresa costease la fiesta de cumpleaños de su mujer (30.000 euros), un viaje de ambos en el jet privado a Bora-Bora (375.000 euros), la investigación en la que se basa su magna biografía de Franklin Delano Roosevelt. De la acusación de utilizar fondos de la compañía para su uso privado ha sido declarado inocente. Irá a la cárcel por retirar cajas de documentos de la empresa cuando fue denunciado ante los tribunales y porque, cuando comenzó a vender periódicos, firmaba con los compradores acuerdos por los que Holinger se comprometía a no hacerles la competencia. El importe del acuerdo iba a su bolsillo.
Una vez parafraseó al Ciudadano Kane: «La gente pensará lo que yo quiero que piense». La gente piensa ahora que es culpable y sus amigos dicen de él que está realmente asombrado.






