
«Es todo un detalle y un orgullo que se acuerden de nosotros en una fecha tan especial», ha respondido emocionado Jesús Jiménez, uno de los nueve creadores del célebre muñeco, de los que sobreviven otros cinco: José María Sedano, Luis Mari Sánchez Íñigo, Amado López de Ipiña, José Luis Madinabietia y José Luis Isasi.
Todo está ya listo, pues, para la celebración de las bodas de oro del aldeano de Zalduondo. Los preparativos para la efemérides se gestaron entre un grupo de blusas y se tradujeron, el pasado junio, en una propuesta que Gorka Ortiz de Urbina, el vitoriano que encarna al símbolo festivo desde 2001, trasladó al regidor socialisa. Tal y como adelantó entonces EL CORREO, consistía en que Lazcoz cediera el lanzamiento del Chupinazo al primer Celedón de carne y hueso de la historia, y también impulsor del mismo, José Luis Isasi. Entretanto, una charanga y cuarenta blusas -en lugar de la habitual escolta policial- abrirán camino a Ortiz de Urbina. Tanto el equipo de gobierno, como el resto de grupos municipales han aplaudido la iniciativa.
Sin embargo, la delicada enfermedad que atraviesa Isasi, y que le mantiene ingresado en un hospital de la provincia, le impedirá prender la mecha y, también, acompañar a sus colegas en la balconada. Así las cosas, los promotores de la iniciativa trasladaron la oferta a los 'padres' de Celedón. En realidad, el alter ego de Pepito.
Así es que como aquel grupo de nueve amigos -la mayoría miembros, paradójicamente, de la cuadrilla Los Tímidos- bautizó el muñeco casero que se les ocurrió hacer «para luego tirarlo del campanario de San Miguel». «Fue una chufla», define Jesús Jiménez, jubilado de un almacén de farmacia que entonces contaba 28 años.
Colisión en el tejado
«La idea era que llegara hasta el reloj del Ayuntamiento, pero el mecanismo era muy rústico. Estaba compuesto por un alambre y una pequeña argolla de la que colgamos a Pepito. El roce la quemó y el muñeco se desplomó sobre el tejado de la iglesia. Nosotros esperábamos en la copa del Ayuntamiento. Al ver lo que pasó le hicimos salir a Isasi a saludar. Era el más guapetón. Y la gente respondió», relata. Sin saberlo, habían creado el símbolo de Vitoria en fiestas.
Hasta entonces, los bomberos, se encargaban de encender la mecha del cohete desde su antiguo local, junto a la parroquia de San Vicente. Y el gentío, entonces apiñado en la plaza de España, prendía un puro. «Sería bonito que, aunque sólo fuera este año, se recupera eso», reclama Jiménez con nostalgia de aquellos buenos humos.







