
El informe -que ha servido como munición adicional al debate parlamentario en curso para forzar una retirada militar- admite que pese a ciertos logros del Ejecutivo presidido por Nouri al-Maliki, «la situación de seguridad en Irak permanece compleja y extremadamente desafiante», con un panorama económico «irregular» y significativas carencias en el necesario proceso de reconciliación nacional.
Pese a todo este panorama de limitados resultados, el presidente Bush reiteró su convencimiento de que «podemos y debemos tener éxito en Irak». Durante una rueda de prensa para matizar este informe, exigido por el Congreso a cambio de seguir financiando el esfuerzo bélico en Irak, Bush insistió en que el «debate de fondo» no es sobre una eventual retirada de tropas sino entre «quienes piensas que la lucha está perdida o no merece la pena» y quienes asumen que «esta batalla se puede y se debe ganar».
El análisis del Ejecutivo federal advierte sobre duros combates durante este verano y acusa directamente a Siria de amparar las sangrientas actividades de Al- Qaida en Irak, incluida una red que facilitaría al mes más de medio centenar de terroristas suicidas. Ingerencias en Irak que, según Washington, también se extienden a la teocracia de Irán, aliada con una serie de grupos extremistas.
La retirada imposible
En su turno de explicaciones en la nueva sala de prensa de la Casa Blanca, Bush enfantizó que «cuando empecemos a retirar nuestras fuerzas de Irak, será porque nuestros comandantes militares dicen que las condiciones sobre el terreno son las correctas, no porque los especialistas en encuestas digan que es una buena política». Insistiendo en que todavía hay que dar tiempo a los refuerzos que el Pentágono acaba de desplegar en el teatro de operaciones iraquí. Según Bush, para establecer conclusiones habrá que esperar al informe más definitivo previsto para el 15 de septiembre.
A juicio del senador Harry Reid, líder de la mayoría demócrata en la Cámara Alta, el texto de veinticinco páginas remitido ayer por la Administración Bush «confirma lo que muchos habían sospechado: que la guerra en Irak avanza en una dirección peligrosa». Según Reid: «Tenemos que cambiar el rumbo ahora, no en septiembre. Ya es hora de que el presidente escuche al pueblo estadounidense y que haga lo necesario para proteger a esta nación. Para eso es necesario que admita que su política en Irak ha fracasado y que trabaje con los demócratas y los republicanos en el Congreso para forjar un camino nuevo».
Los demócratas también han criticado las pesimistas conclusiones de otro nuevo informe de inteligencia sobre amenazas terroristas contra Estados Unidos. Según el filtrado documento, Al- Qaida habría recobrado casi toda la capacidad operativa que tenía antes del 11-S. Además de haber logrado establecer un nuevo santuario en las remotas zonas tribales del oeste de Pakistán, fronterizas con Afganistán, desde donde coordinar financiación, entre- nar a sus miembros y planificar atentados contra objetivos occidentales. El informe no llega a establecer implicaciones directas para la seguridad de Estados Unidos, pero esta semana el ministro del Interior, Michael Chertoff, ha expresado su «sensación visceral» sobre un multiplicado terrorista durante este verano. Para la oposición demócrata, resulta inaceptable que a estas alturas, la Administración Bush se deje llevar por intuiciones en materia de seguridad.






