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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Viernes, 25 mayo 2012

Sociedad

REPORTAJE

EL PARAÍSO DE LA LECTURA EL PARAÍSO DE LA LECTURA
Niños que aman los libros e índices de lectura siete veces superiores a la media son algunos de su éxitos
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Niños que aman los libros e índices de lectura siete veces superiores a la media son algunos de su éxitos
Con libros. Un grupo de niñas lee junto a una monitora en el centro dedicado a niños y adolescentes en Salamanca. / josé manuel garcía
Hay un lugar en el que padres de niños que no han cumplido aún el año hacen cola durante la madrugada para inscribirlos en un programa de fomento de la lectura. Donde los adolescentes tienen los libros como compañeros inseparables. Donde personas sin estudios universitarios que superaron hace tiempo los setenta años leen libros, los critican, escriben relatos y participan en cafés literarios. Donde han conseguido multiplicar por siete la actividad media de las bibliotecas españolas. Donde las nuevas tecnologías aplicadas al conocimiento se han asumido de forma natural por personas de toda edad. Donde la cultura en su sentido más amplio se vive. Ese lugar es la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, que tiene dos centros abiertos al público en la pequeña localidad de Peñaranda de Bracamonte y otro en Salamanca. Los resultados obtenidos en dos décadas de experiencia de fomento de la lectura y el aprendizaje demuestran que con recursos, profesionalidad e imaginación se consiguen resultados espectaculares. Ahora, ese paraíso de la lectura va a tener un espacio en el País Vasco, concretamente en el complejo de la Alhóndiga, en Bilbao. Hace unos días, la Fundación y la Alhóndiga, que ya habían contraído un compromiso de colaboración y asesoramiento, firmaron los primeros convenios, encaminados básicamente a la formación de educadores y bibliotecarios. Cuando el complejo abra sus puertas, dentro de un año largo, se pondrán en marcha también algunos programas dirigidos al público que ya han dado grandes frutos.

Germán Sánchez Ruipérez, el creador de la editorial Anaya, promovió en 1981 la fundación que lleva su nombre, una entidad sin ánimo de lucro empeñada en el fomento de la lectura. Cinco años más tarde abrió el Centro Internacional del Libro Infantil y Juvenil en Salamanca, y en 1989, en Peñaranda de Bracamonte, su pueblo natal, el Centro de Desarrollo Sociocultural, que se articula básicamente en torno a una biblioteca. A finales de 2006 se inauguró en este pequeño pueblo situado en la carretera que une la capital charra con Ávila, muy cerca del límite entre ambas provincias, el Centro Internacional de Tecnologías Avanzadas. Es la parte visible de una fundación que tiene otra sede en Madrid, dedicada a la investigación, y que en un par de años abrirá en la capital la Casa del Lector.

Algunos aspectos del acuerdo entre la Alhóndiga y la Fundación Sánchez Ruipérez están por desarrollar, pero está ya acordado que ésta colaborará en la puesta en marcha en Bilbao de planes de fomento de la lectura, a partir de la experiencia de Salamanca, con los más jóvenes, y Peñaranda, con todo tipo de públicos. Y más adelante, conjuntamente con la Casa del Lector.

Cambio de filosofía

Lo que la Fundación Sánchez Ruipérez plantea en sus dos centros dedicados específicamente al fomento de la lectura y la cultural 'tradicional' es un cambio radical de filosofía. En Salamanca, la sede está abierta a niños y jóvenes de 9 meses a 18 años. Es un edificio completo organizado por plantas según las edades. Los más pequeños, abajo, en una sala donde a los bebés les leen cuentos y muestran imágenes. Así se familiarizan con las historias. Los lunes, son los mismos padres quienes lo hacen.

Cuando tienen ya tres años, los monitores les cuentan narraciones algo más complejas, sentados todos ante una chimenea o ante un teatrillo de guiñol donde se escenifican los relatos. A partir de los 6 años, los niños navegan solos por la literatura, siguiendo sugerencias semanales o mensuales. A finales de mayo, coincidiendo con el estreno de 'Spiderman 3', el tema eran los superhéroes, y los chavales tenían a su alcance libros, películas, cómics y páginas web de Internet donde aprender cosas de sus personajes favoritos. Antes había sido el centenario de Hergé. Todos sus libros de 'Tintín' y las películas estaban a disposición de los más de 200 usuarios que pasan cada tarde por allí (durante las mañana el centro está abierto sólo para visitas concertadas de los colegios). Se trata, subrayan los responsables del centro, de organizar actividades nuevas en torno a los libros y el conocimiento. Y de hacer que profesores y padres participen también, porque se entiende que su implicación garantiza el éxito.

Los programas para inducir a la lectura demuestran que se ha derrochado imaginación. Uno de los de más éxito, dirigido a niños de entre 9 y 13 años, se titula 'Expedientes secretos'. Se trata de desvelar un enigma cuya resolución se encuentra siguiendo distintas pistas que van apareciendo en libros, películas e Internet.

Ir a buscar lectores

«Nuestro planteamiento es ir a buscar a los lectores allá donde estén», explica Dolores González, directora del centro de Salamanca. Así que cuando llega el verano, se van de excursión: lo mismo a las piscinas que a los pueblos de la provincia y reparten entre los niños unas 'mochilas' (las hay de tres tipos, según la edad de los destinatarios) que contienen libros y películas para los pequeños y sus padres, y un bloc donde escribir qué les ha parecido lo que han visto y leído. El programa se llama, gráficamente, 'Leamos juntos'.

También están en los consultorios médicos y en los hospitales. ¿Qué mejor compañía para un niño enfermo, inmovilizado en su cama, que un libro? Los responsables del centro los escogen cuidadosamente y hacen lotes, con volúmenes de temas diferentes y guiándose por las recomendaciones de otros niños que los han leído antes. En los consultorios médicos, los galenos hacen recetas: tomar el antibiótico una semana y leer 'La isla del tesoro'. Existen 'recetas' para prescribir libros, y la biblioteca del centro los hace llegar a los enfermos.

Hay muchos programas diseñados para llevarlos a cabo en el centro (presentación de novedades, publicación de guías de lectura para padres, cuadernillos didácticos con recomendaciones para leer juntos en casa, asesoramiento sobre todo tipo de libros) y fuera: biblioteca ambulante por los pueblos, arcones llenos de libros para todas las edades entregados en las escuelas, etc. ¿El resultado? Niños que cada tarde piden que les lleven (o van ellos mismos si tienen edad) al centro a la salida del colegio. Unos 200 de media. Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Salamanca determinará si quienes han ido de forma regular desde mucho antes de aprender a leer han desarrollado una capacidad de aprendizaje mayor. De momento, una aproximación menos científica realizada por los responsables del centro permite asegurar que a los ocho años hay una gran diferencia entre esos niños y quienes no han pisado el edificio. Quizá por eso, los niños de 8 y 10 años que inauguraron estos programas, hace dos décadas, son ahora padres que inscriben a sus hijos de inmediato. «Y que hacen cola durante la noche, porque las plazas son limitadas», dice con orgullo Dolores González.

Perder libros, no lectores

Al Centro de Desarrollo Sociocultural de Peñaranda también van niños, pero no son su objetivo principal. Allí hay una biblioteca, pero además montan exposiciones y hay funciones de teatro y conciertos en su auditorio (con capacidad para 200 personas). La suya fue la primera biblioteca de España situada en una planta baja y con grandes cristaleras que permiten ver el interior desde la calle. También fue pionera en anteponer el lector al libro. «Prefiero perder un volumen, sea el que sea, antes que un lector», dice gráficamente su director, Hilario Hernández. Fue la primera, en fin, en instalar ordenadores para los usuarios (en el año 1992).

Un paseo por el interior del edificio, de un diseño vanguardista que contrasta con la arquitectura tradicional («no queríamos que el libro se asociara a algo antiguo, sino a la modernidad», explica Hernández), basta para verificar la imaginación de las propuestas: 'Rincón de los recuerdos', un pequeño mueble con apuntes sobre efemérides, cada una de ellas relacionada con un libro, un disco o una película (el aniversario del nacimiento de Cela llevaba a 'La colmena'; el cumpleaños de Ana Belén, a uno de sus compactos) ; Café literario; 'Comicteca'; 'Padreteca', un lugar en el que los padres leen libros a sus pequeños; 'El inglés de tus hijos (o nietos)', donde se imparten cursos para poder ayudar a los niños con los deberes...

Además, hay un taller de escritura, en el que los participantes hacen críticas de los libros que han leído y elaboran sus propios relatos. Los mejores se imprimen en los libros y revistas que edita la institución. Uno de esos volúmenes lleva el título de 'Coser y contar', y son mujeres las autoras de todos los textos. Los que no son tan buenos, se cuelgan en la 'web'. Sorprende comprobar que buena parte de los autores de esos relatos son personas de edad sin título alguno.

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