
Profesores de muchos rincones de España acuden cada semana al Centro Internacional de Tecnologías Avanzadas (CITA) de Peñaranda de Bracamonte, la última creación de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, para aprender el funcionamiento de esa pizarra que va a revolucionar las aulas. Es la estrella de un centro para el que se ha construido en mitad de un jardín; un edificio de paredes de cristal, dotado en su interior con tecnología punta: 200 ordenadores, laboratorio de digitalización, de vídeo, de mezcla de sonido y de idiomas.
Cachivaches
El CITA trabaja en buena medida para los profesionales de la educación y de cara también a la formación profesional de los jóvenes de la comarca, explica su director, Joaquín Pinto. Pero sus aulas están además repletas de jóvenes que montan sus maquetas musicales, pequeños empresarios que realizan vídeos de presentación, estudiantes de idiomas, niños y adolescentes que se introducen a través de talleres en el mundo de la información y personas de toda edad y condición que van a establecer videoconferencias o conocer los últimos productos en nuevas tecnologías, gracias a un escaparate virtual llamado 'Cachi- vaches'. Un programa que les permite conocer cómo funcionan y llevárselos a casa durante un tiempo para probar su utilidad.
La apuesta de la Fundación Sánchez Ruipérez puede causar perplejidad pero tiene su lógica: lleva la tecnología punta a un rincón de España que por su situación geográfica, su actividad económica y sus características demográficas parecía condenado a quedar al margen de su desarrollo. El centro, en el que el diseño de todos sus elementos ha sido cuidado al máximo (Hernández León firma el proyecto arquitectónico; Alberto Corazón y Jesús Moreno el diseño; y Luis Vallejo, el desarrollo paisajístico), lleva abierto desde finales de 2006, de manera que no puede hablarse aún seriamente de un balance de resultados, pero ya ha despertado el interés más allá de los límites de la comarca, sobre todo entre los profesionales de la enseñanza.
Pero incluso en un centro en el que el fomento de la lectura no es un fin esencial -a diferencia del resto de entidades de la Fundación- no se olvidan de ella. Este verano, cuando caiga la noche, los niños podrán asistir a la lectura de cuentos: mientras se escucha por los altavoces el relato, se proyectarán imágenes en una de las paredes de cristal del edificio convertida en una pantalla.






