
GONZALO MARTÍNEZ AZUMENDI
«Mi cámara es mi fusil»
En su pasaporte hay más de cien sellos. Por afición y por trabajo, ya que es fotógrafo profesional, Gonzalo Martínez sabe muy bien lo que significa conocer mundo. Turquía, el desierto de Libia, Siria, Jordania e incluso Yemen, a donde viajó en 1992 con la agencia Banoa. «Quería fotografiar los lugares que son patrimonio de la humanidad, aunque también es cierto que en cuanto sales de la capital hay zonas controladas por tribus cuyos miembros te examinan con la mirada. Resulta bastante medieval y llevar armas es algo normal, pero nada que ver con los temas de Al Qaida», comenta.
Lo que este getxotarra de 47 años busca en estas escapadas es «lo contrario al consumismo», es decir, «muy diferente a cuando vienen turistas chinos y se ven España en cuatro días», explica. Sus viajes le han costado también algún que otro susto. Estuvo en Pekín en pleno brote de la gripe aviar y en Pakistán le tocó vivir un episodio que nunca olvidará. «Llegamos a la frontera con Afganistán y en unas ruinas nos encontramos con un grupo de hombres armados con fusiles. En ese momento no sabes cuál va a ser la reacción. Recuerdo que me dijeron que si quería probar a disparar y yo les contesté que mi cámara es mi fusil. Hasta que no dijeron 'amigos, amigos' la tensión fue tremenda», evoca. Según Gonzalo, la tragedia de Yemen «se sale del guión, pero forma parte de un cambio global que no sólo afecta a los países árabes, sino también a Occidente. Es como si ahora nos da por decir que nadie venga al País Vasco o a Nueva York o a Londres». «No son lugares estigmatizados, sino que el islamismo está latente en todo el mundo. Por mi experiencia tengo que decir que los árabes son muy hospitalarios y salseros. Cuando estuve en Irán dormí cada noche en la casa de un nativo y para ellos era toda una fiesta», relata.
Suele viajar solo o con su mujer y no tiene ningún reparo a la hora de reconocer que hay países a los que, de momento, no viajaría. Entre ellos destaca aquellos lugares en los que existe una guerra abierta y señala en el mapa Sierra Leona o algunas zonas de Latinoamérica. «Si vas, sabes a lo que te arriesgas», concluye. PATXO MANZANEDO
«No viajaría nunca a Estados Unidos»
Vitoriano de 45 años, periodista, tiene fotos de Birmania, Australia, Bostwana, India, Pakistán... Y así hasta completar una lista de 52 países distintos de los cinco continentes. Patxo Manzanedo es el viajero impenitente y, a menudo, solitario; el trotamundos al que sólo le hacen falta un puñado de días y un billete de ida y vuelta para embarcarse en la apasionante aventura de recorrer el mundo.
Casado y padre de dos niños de 4 y un año y medio de edad, la letra pequeña de su «contrato matrimonial» le permite reservar para él dos semanas al año para viajar. Ni el atentado de Yemen -en el que fallecieron cinco catalanes y dos vascos, entre ellos Mikel Essery, el guía al que tuvo la oportunidad de conocer - ha conseguido cortar sus alas. Admite que, a fecha de hoy, no viajaría «ni a Irak ni a la zona de Darfur, en Sudán», pero si hay un país que nunca visitaría ése es Estados Unidos. ¿Por qué? «Porque un país cuyos ciudadanos son capaces de votar dos veces a Bush ya me dice todo», responde sin pensarlo.
Del resto del globo, no hace ascos a ningún rincón. De África destaca que es el continente «que más engancha»; Asia es en el que «más a gusto» se siente y de América le gusta su gente. No niega que el peligro en ciertas latitudes es «real» y, aunque asegura que nunca ha llegado a sentir miedo, sí ha podido a intuirlo. En Pakistán, por ejemplo, donde estuvo en 2004, «el islamismo más radical se palpa en el ambiente», mientras que en Colombia, a tan sólo dos cuadras del barrio de prostitutas en el que pernoctó la primera noche, «los gamines, por 50 dólares, no se detienen a pensar a quién matan». Con todo, Patxo tiene muy claro cuál debe ser el manual del buen viajero para evitar posibles sustos. «La clave -asegura- es no llamar la atención». Para ello, es importante vestir con «ropa defensiva, tratar de entablar confianza y amistad con la gente y no levantar la voz. Aunque estés cargado de razón, en una discusión en un país extranjero tienes siempre las de perder». Lo dice con conocimiento de causa, al hilo de la «única» mala experiencia que aparece en su cuaderno de bitácora. «De Australia salimos a hos... de un bar de streap-tease porque, cuando nos íbamos, el portero nos echó el cerrojo y nos pidió 30 dólares».
Con su próximo viaje a Níger planeando ya cerca, Patxo asegura que no se pone ninguna meta y, aunque, reconoce que Birmania es el país que más le ha llenado cree, como Javier Marías, que «el mejor viaje siempre es el próximo».
ÍÑIGO DEL HOYO
«Es muy importante ir informado»
Tiene sólo 27 años y su vena aventurera le viene de familia. Su padre es Juan Mari del Hoyo, fundador del Club Marco Polo. Este bilbaíno afincado en Getxo ha viajado por diferentes países desde que era un crío. Con 12 años ya se escapaba a Alemania para participar en campeonatos de descenso en mountain bike. Deportista inquieto, aún le quedan muchos sitios por ver como Arabia Saudí e incluso Yemen, pero advierte de que una de las claves a la hora de organizar un viaje consiste en «ir informado».
A su bagaje personal se une su experiencia profesional, ya que trabaja como agente de viajes y conoce de primera mano lo que piden los clientes que se decantan por rutas 'alternativas'. «La gente es muy consciente. Al final, son ellos los que deciden si quieren o no el riesgo. Irak, por ejemplo, lo retiramos porque no lo pedía nadie», comenta Iñigo. Antes de embarcarse en una nueva aventura, este joven opta siempre por buscar todos los datos posibles del país. Compra un mapa, señala los puntos que le gustaría visitar y estudia con un guía qué es lo que se puede encontrar en cada zona.
Colombia, Israel o Palestina son, por ahora, lugares que se sitúan en un segundo plano. Las guerras civiles y los conflictos entre dos países frenan cualquier sed de conocimiento, si bien considera que los hechos inesperados se pueden dar en cualquier sitio. «Si te quedas en casa está claro que corres menos riesgos, pero es que hoy en día incluso salir con el coche por la A-8 tiene su peligro», expresó.
Iñigo viajó a Egipto, más concretamente al mercado de Khan El-Khalili, cuatro días después de que se produjese un atentado en la zona. «Estaba todo lleno de policías y no hubo ningún problema, por eso me da la sensación de que ahora Yemen es casi el sitio más seguro -muchos grupos han suspendido su viaje a la República tras lo ocurrido esta semana-. La gente va a ciertos países, que, por otra parte son espectaculares culturalmente, con miedo, cuando la verdad es que te puedes encontrar con ese riesgo en cualquier otra parte», opina.
KARMELE MENDIA
«La religión puede complicarlo todo»
Ha trabajado toda su vida como maestra con un objetivo en mente: poder viajar. Tiene 44 años, pero no fue hasta 1990 cuando se animó a coger el primer avión. «Desde entonces, no he parado», comenta Karmele, natural de San Sebastián. El plan de viaje está claro. «Yo no voy a ver hoteles, sino a disfrutar de todo lo que me ofrece el país de la forma más asequible posible», apunta. De hecho, pernoctar en campings es una de sus estrategias más utilizadas, así conoció la Selva Negra. Con amigos o sola, y muy pocas veces recurriendo a viajes organizados, Mendia siente especial orgullo por una de sus escapadas. Recorrió de costa a costa todo Estados Unidos. «Empecé en Filadelfia, pasé por San Diego y terminé en México. Todo con el sistema 'Drive away' de alquiler de coches», relata.
El año pasado viajó a Irán, donde «no es necesaria la seguridad». «La gente me decía que no fuese, sobre todo porque Estados Unidos había dado de límite hasta julio al país para frenar su programa nuclear y yo iba en agosto. Entonces pensé: 'Es el mejor momento para ir, no vaya a ser que estalle una guerra y se acabe perdiendo la riqueza de la zona, como pasa siempre». En su pasaporte figuran, no obstante, decenas de destinos como Marruecos, Rusia, Argentina, India, Túnez, China o Vietnam. «De ninguno diría que no vuelvo», señala.
Con Sudáfrica en el 'espejo retrovisor', donde este verano se estrenará como guía junto con nueve amigos a los que conoció en distintas incursiones, Karmele se toma su tiempo para pensar a qué países no se plantearía ir a día de hoy. «Los peligros están en todas partes. Lo que ha ocurrido en Yemen podría haber pasado en Madrid o en cualquier otro sitio, pero reconozco que ahora mismo no sé decirte si iría o no allí. Por otro lado, es como si, desde fuera, el País Vasco también se considerara un lugar de riesgo», se sincera. No obstante, esta turista donostiarra admite que una de las cuestiones que cobra tintes cada vez más radicales es la religión. «En los países donde tiene un peso muy grande -como es el caso de los árabes- todo resulta, sin duda, mucho más complicado».
Para la gente aventurera como Karmele, hay una máxima que marca cada decisión a la hora de sentarse y barajar detenidamente los diferentes destinos en los que disfrutar de las vacaciones. «En mi opinión, si te gusta de verdad viajar, ese riesgo no resulta tan determinante como puede parecer en un primer momento. Cuando se habla de visitar lugares y conocer sus culturas y gentes, la balanza está ahí, delante de ti. Hay que tener en cuenta -añade- que el que va es al final siempre el que arriesga».






