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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Viernes, 25 mayo 2012

Política

POLÍTICA
PP, PSE y PNV miran a Navarra para formar la nueva Diputación de Álava
Si los peneuvistas mantienen su apuesta por el tripartito, los socialistas decidirán el Gobierno foral La negociación se encuentra ahora en punto muerto
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PP, PSE y PNV miran a Navarra para formar la nueva Diputación de Álava
EN LAS JUNTAS. El socialista Txarli Prieto, a la izquierda, escucha atentamente al jeltzale Xabier Agirre. / IOSU ONANDIA
Casi todo está dicho y, sin embargo, aún es una incógnita absoluta quién dirigirá la Diputación Foral de Álava el próximo cuatrienio. Transcurridos ya cuarenta y un días desde las elecciones municipales y forales del 27-M, Vizcaya tiene diputado general (repite José Luis Bilbao, PNV), lo mismo que Guipúzcoa (se estrena Markel Olano, PNV). Mientras, las tres primeras fuerzas políticas de Álava -PP, PSE y PNV- miran al resultado de las negociaciones en Navarra antes de mover su penúltima carta.

Y es que el intrincado puzzle que dibujaron los comicios no es sencillo de armar. Sobre todo porque sólo faltan unos meses para que Josu Jon Imaz y Joseba Egibar libren la gran batalla por el poder en el PNV y porque estamos a nueve meses vista de las elecciones generales, en marzo de 2008.

Como es conocido, el PP se impuso con 15 escaños: el PSE fue segundo con 14, los mismos que el PNV; ANV tiene 4; EA dispone de dos procuradores y EB-Aralar logró otros dos, uno de cada partido. Estas Juntas Generales se pueden 'leer' de muchas formas. Por ejemplo, que los no nacionalistas suman 29 procuradores por 22 los nacionalistas. Pero también que el tripartito PNV-EA-EB ampliado con Aralar dispone de 18 escaños, frente a los 15 del PP y 14 de los socialistas, sin olvidar los cuatro de la izquierda abertzale.

La ya larga y todavía infructuosa partida por el poder la están jugando tres protagonistas: Alfonso Alonso (PP) y, fundamentalmente, Txarli Prieto (PSE) e Iñaki Gerenabarrena (PNV). El segundo se juega el sillón foral; los otros dos lo buscan para sus compañeros y subordinados, el popular Javier de Andrés y el veterano jeltzale Xabier Agirre.

La negociación se encuentra en punto muerto. Sobre la mesa, tres cuestiones: la presidencia de la Diputación, el futuro del Ayuntamiento de Vitoria -con Patxi Lazcoz, del PSE, como nuevo alcalde, pero con sólo 9 de los 27 concejales que integran la Corporación- y la Caja Vital.

A la espera

Quien menos capacidad de maniobra tiene en este momento es el PP. Los conservadores reivindican el sillón foral como triunfadores en las urnas. Sin embargo, a la hora de buscar aliados para lograrlo, se encuentran con que su aislamiento del resto de las formaciones -entre otras cosas, por su posición durante el proceso de paz- hace que no sean la primera opción a elegir como compañero de baile para ninguna otra fuerza política. Conservan intactas sus posibilidades de gobernar Álava, pero les toca esperar y dependen del desacuerdo del resto. Ya han expresado al PSE su disposición a apoyar a Lazcoz en el Ayuntamiento.

La gran guerra de nervios se libra entre socialistas y peneuvistas. El PSE ha dejado claro a Gerenabarrena su absoluta preferencia por un pacto entre los dos, que les daría mayoría absoluta en Vitoria y en Álava, y que podría allanar el proceso de fusión de las cajas vascas, paralizado por los socialistas y prioridad absoluta para el PNV. Eso sí, Txarli Prieto ha exigido hasta ahora como condición 'sine qua non' el sillón foral.

Los jeltzales también desean el pacto con el PSE. Entonces, ¿cuál es el problema? Que no quieren un acuerdo a dos, sino a cinco. Gerenabarrena parte del tripartito PNV-EA-EB, ampliado con Aralar (18 escaños), y ofrece a los socialistas (14) prácticamente un compromiso a la carta, pero siempre que la presidencia de la Diputación sea para Agirre. Están dispuestos a formar gobierno municipal con Lazcoz o a apoyarle desde fuera, a formar un pentapartito en Diputación o a tener un acuerdo externo con el PSE, y ofrecen además a los socialistas la presidencia de la Vital hasta la fusión de las cajas. En este último capítulo, son sabedores de que, con la nueva composición de los ayuntamientos surgidos del 27-M, tienen serias posibilidades de recuperar el poder el próximo año en la primera entidad de ahorro de la provincia.

«Lo tiene crudo»

El presidente del Araba buru batzar, Iñaki Gerenabarrena, alineado con Egibar en la batalla interna por el poder en el PNV, se juega una buena parte de su futuro político en el envite. «Pone mucho en juego. Lo tiene crudo», admite un conocido burukide peneuvista. Y es que los jeltzales llevan ocho años en la oposición en las principales instituciones alavesas y el 27-M tuvieron el segundo peor resultado de su historia en Vitoria, además de ser terceros por primera vez en la provincia. Una nueva legislatura sin tocar poder, lo que supondría doce años en los duros bancos de la oposición, sería un fracaso demasiado serio como para ser desaprovechado por el sector de Imaz para intentar apartarle y arrebatar el territorio a Egibar.

Por ello, parece altamente improbable que Gerenabarrena ceda al PSE la presidencia del Gobierno foral y se conforme con ser segundo en la Diputación y en el Ayuntamiento. Su juego pasa por mantener unido al tripartito ampliado y esperar. Si el PSE desiste y apoya la investidura de Agirre como diputado general a cambio de estabilidad en el Ayuntamiento y la caja, habrá salido airoso del trance. El riesgo, que ante esa tesitura el PSE prefiera ceder el poder al PP o que ambos lleguen a algún tipo de acuerdo. En las filas jeltzales empieza a haber nervios y ya se han escuchado advertencias internas por si la negociación en curso termina con un tercer cuatrienio en la oposición.

Conocedor de esta situación, Prieto apura sus también limitadas cartas. De momento no quiere ni oír hablar de un pacto con el PP. Tampoco acepta un pentapartito que dejaría a los populares como única fuerza en la oposición. En ambos casos, además, porque conservadores y jeltzales le exigen el sillón foral.

El PSE podría estar tentado a intentar romper el tripartito y buscar una alianza con EB-Aralar, que por ahora se mantiene fiel en Álava al acuerdo que sustenta el Gobierno Ibarretxe. Sumarían 16 escaños, los mismos que PNV-EA, pero la presidencia foral sería para Prieto porque logró más votos que Agirre. Es una posibilidad endeble porque en la recámara existe un invitado al que nadie aún ha cortejado, al menos oficialmente, pero que tiene cuatro escaños: ANV. La trayectoria de la izquierda abertzale induce a pensar a algunos observadores que respaldarían la opción jeltzale, aunque en el PNV tienen miedo de llegar a este punto dadas sus malas relaciones actuales con la izquierda abertzale.

Tregua y generales

Con este intrincado laberinto sobre la mesa, las miradas se dirigen en busca de pistas a las negociaciones para la formación del Gobierno de Navarra. Sobre todo las del PP y los nacionalistas. Esa fue la razón por la que el presidente de las Juntas, el popular Juan Antonio Zárate, retrasó hasta el 26 de julio, último día legalmente posible, el pleno de elección del nuevo diputado general, para enfado del resto de las formaciones. Porque, creen, lo que ocurra en Navarra puede mover el tablero alavés.

Conservadores y nacionalistas sospechan que si el PSN pacta con Nafarroa Bai e Izquierda Unida, el PSE alavés podría decantarse por aceptar antes al tripartito que al PP. Por el contrario, si el cambio no prospera en Navarra, en ambos bloques se piensa que se abren más posibilidades para el PP.

Analistas y políticos, siempre en privado, interpretan que, rota la tregua de ETA y con unas elecciones generales a la vuelta de la esquina -a las que el PP concurrirá con su discurso antiterrorista más duro hacia el Gobierno-, el interés de Zapatero por un pacto trasversal en Álava es «mínimo». Incluso le podría resultar más rentable en el resto de España dejar al PP seguir en el poder en una precaria minoría, a cambio de una postura poco beligerante en el Ayuntamiento de Vitoria.

En cualquier caso, todas las quinielas apuntan a que la decisión final no llegará hasta las horas previas al pleno del día 26. Si hasta entonces no hay movimientos determinantes en alguna dirección, el PSE tendrá que elegir.
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