
El responsable iraquí, que reveló que entre las víctimas figuran niños y mujeres, no descartó que la cifra de fallecidos sea aún mayor dada la gravedad de muchos heridos. Además, unas veinte personas que se sospecha estaban en el mercado permanecen desaparecidas. Al cierre de esta edición, los equipos de rescate continuaban las labores de recate con la esperanza de poder encontrar a alguien con vida entre los escombros.
Además, la onda expansiva destruyó medio centenar viviendas, unos veinticinco locales comerciales, y dejó calcinados más de cincuenta vehículos. El tendido eléctrico y los conductos de agua en la zona también se han visto seriamente dañados por el atentado, por lo que los cortes en el suministro afectan a gran parte de la población.
Ante la magnitud de la tragedia, las autoridades, aún acostumbradas al azote del terrorismo, tuvieron que hacer una llamada de emergencia porque en los hospitales no había sangre suficiente para atender a los afectados. También se vieron obligadas a solicitar todo tipo ayuda material para atender a las víctimas de este atentado, en una población mayoritariamente turcomana y kurda de credo chií. Amarli depende administrativamente de la localidad de Al Toz, a unos 90 kilómetros al este de Tikrit, capital de la provincia de Salahedin.
Aunque fue el más grave, no se trató del único atentado sufrido ayer en Irak. Pocas horas después, tres militares iraquíes, entre ellos un alto oficial, murieron, y cinco civiles resultaron heridos tras la explosión de una bomba en las proximidades de una gasolinera de la ciudad de Al Deluiya, también ubicada en Salahedin.
En esa misma provincia, dos policías habían muerto y otros dos resultaron heridos esa misma mañana en un ataque lanzado por error por un helicóptero estadounidense contra un control policial al norte de Irak, informaron fuentes de seguridad.
El incidente ocurrió en la localidad de Yezreb. Las tropas norteamericanas justificaron el ataque con el argumento de que el puesto de control bombardeado no estaba incluido en los mapas de los que disponían.
Por otra parte, en la vecina provincia de Diyala, el Ejército estadounidense anunció en un comunicado que el viernes mató a cuatro «terroristas» en una operación de búsqueda de un supuesto cabecilla de la organización terrorista Al-Qaida en el área de Jan Bani.
Cinturón de explosivos
En la misma zona, en el acostumbrado suma y sigue de actuaciones violentas en el país del golfo Pérsico, 22 personas murieron en la noche del viernes y otras 15 sufrieron heridas en un ataque suicida. Según los portavoces locales de seguridad, un hombre activó el cinturón de explosivos que llevaba adosado al cuerpo en medio de un funeral en la localidad de al Saadiya, 70 kilómetros al este de Baquba, capital de Diyala. Se teme por la vida de otras cuatro personas que se encontraban en el funeral y están desaparecidas. Las víctimas, en su mayoría de origen kurdo, pertenecen a una familia conocida con el sobrenombre Karakush.
También en la noche del viernes al sábado, 17 civiles perdieron la vida y otros ocho resultaron heridos en un atentado perpetrado con coche bomba en un mercado de la localidad de Ahmad Mares, próxima al área de Yalula, ubicada asimismo en Diyala.
Además, en la mañana de ayer un agente de los cuerpos de seguridad falleció y otros cuatro resultaron heridos al explotar un automóvil cargado de explosivos conducido por un suicida en el este de Bagdad.
Así, la violencia persiste en Irak pese a los planes y amplios operativos de seguridad vigentes desde hace varios meses en la capital y diversas zonas del país, en los que participan decenas de miles de soldados estadounidenses e iraquíes.






