
-¿Quedan secretos por conocer de la España de los siglos XIX y XX?
-Más bien quedan vacíos. Aunque parezca mentira, la dictadura de Franco está siendo analizada ahora por esa moda que ha surgido de hablar sobre la represión franquista y las víctimas. Sin embargo, poco se sabe sobre el consenso social que lo respaldó, en especial, en el País Vasco. Por otra parte, también queda mucho por conocer sobre la dictadura de Primo de Rivera y la transición del Antiguo Régimen a la modernidad liberal en España.
-¿Por qué nuestra historia más cercana tiene esos vacíos?
-En la Universidad, la presión de la docencia hace que los profesores tiendan a concentrarse en dar clases. Tampoco hay una promoción de la investigación por parte de los especialistas, ya que no existe una regulación clara en cuanto a contrato de trabajo.
-¿Qué es lo que han aportado los jóvenes investigadores a lo que ya se conocía sobre nuestra Historia?
-Por una parte, frescura en cuanto que estudian temas nuevos. Y también desinhibición para criticar a los mayores, poner en cuestión sus teorías, revisarlas y completarlas.
-Ponga un ejemplo.
-En este simposio hemos descubierto las políticas de asistencia social en el franquismo. La dictadura, para crear una dependencia del ciudadano, actualizó todo un sistema de seguros sociales heredados de la II República.
-¿Cómo es el campo de la investigación histórica en el País Vasco?
-Hay una falta de definición profesional, es decir, de establecer una figura de investigador contratado. Desde hace dos años, se ha ido regulando la función del becario, que ahora tiene un contrato de trabajo con algunas singularidades: cotizan a la Seguridad Social, pero no tienen derecho a paro una vez que finaliza el periodo por el que está contratado, y nunca se deja claro si va a haber una continuidad de su condición laboral.
«Sin ideologías»
-¿Cuáles son los retos de los investigadores para el futuro?
-Hay que luchar por dignificar la profesión. Y es que la investigación es necesaria, ya que es con lo que vamos a competir en el mercado europeo de la ciencia y la tecnología. En el País Vasco se están haciendo las cosas igual que en España, bastante mal. Tenemos que comprender que no caben ideologías, no cabe ser españolista o nacionalista vasco.
-¿Es que la ideología de los historiadores influye en su trabajo?
-Al buen historiador no le condiciona, pero al mal historiador sí. El problema es que este último es el que más vende porque sabe conectar con su público. En definitiva, vende humo a sus audiencias políticas. El buen historiador, en cambio, refleja la complejidad del pasado y en ocasiones no conecta con ningún público.
-Los avances en el cáncer o las células madre siempre son noticia. Sin embargo, la investigación histórica es más desconocida. ¿Por qué?
-Un bioquímico trabaja de forma autónoma respecto al contexto sociopolítico que le rodea. El historiador, sin embargo, habla del pasado y siempre tiene que dialogar con el contexto presente. Y ahí surgen un montón de conflictos, en especial, en este país cuya clase política sigue reivindicando una condición de pueblo milenario. Muchos documentales, sobre todo los públicos, mezclan historiadores que ejercen una crítica historiográfica y otros que son partidistas. Ocurre, por ejemplo, en el documental 'Pelota vasca', de Julio Médem.






