
-Enhorabuena por su elección como pregonero. ¿Satisfecho?
-Muchas gracias. Sí, sí, claro que estoy satisfecho. Yo soy muy vitoriano y estoy muy implicado en la vida de mi pueblo, especialmente de la festiva, je, je, je. Recuerdo La Blanca desde la infancia y siempre ha sido referencia en el calendario jocoso de la vida de un individuo como yo.
-¿Esperaba la designación?
-Pues no, en absoluto. No soy alguien con características especiales como para ser pregonero. En noviembre me insinuaron que si este año era el centenario de Las Nieves, que tal, que cual... Pero me pareció algo muy remoto y no le di mucha importancia.
-'En el nombre del padre' es una famosa película. ¿Su caso sería 'En el nombre de la madre', que fue pregonera de La Blanca tras muchos años en el Ayuntamiento?
-Pues mira, es lo primero que asocié cuando me llamó la concejala de Cultura. En ese momento me acordé especialmente de mi madre y me supuso un gran orgullo. Recuerdo que su pregón fue muy sencillo, muy ameno y muy afectivo. Las cualidades que yo contemplo para el mío.
-¿En el Mediterráneo ya piensa en el pregón o cada cosa a su tiempo?
-Yo soy un improvisador, no necesito mucho tiempo para preparar las cosas. Si hablo en público sobre las fiestas de mi pueblo, inexorablemente lo haré de fraternidad, de libertad individual y de la necesidad de vivir felices.
-¿Son las ideas que difundirá?
-Sí. Es lo que necesitamos todos. Para mí, fraternidad es una palabra vigente. Y libertad, por supuesto, porque sin ella no hay nada. Pero libertad en todos los ámbitos: política, en la calle, en el trabajo, en la familia... El individuo debe desarrollarse. Todas las enfermedades mentales son un fracaso del desarrollo personal.
-Gorka Ortiz de Urbina ha propuesto que en el paseíllo hasta San Miguel le escolten blusas y no policías municipales. ¿Qué le parece?
-Lo que me parece bueno es que no haya incidentes y lo que me parece lamentable es que tenga que ir protegido. Celedón tendría que ir acompañado del pueblo. Ahora, si no hay más remedio es preferible que vaya acompañado por blusas. Aunque tampoco me gusta porque los blusas no son un cuerpo custodial. Lo de escoltarlo con blusas es una solución defensiva.
-Dice el tango que veinte años no es nada. ¿Cincuenta desde la primera bajada de Celedón tampoco o han cambiado muchas cosas?
-Para mí estos cincuenta años han pasado de una manera muy satisfactoria. Siempre he sido optimista y creo que el cambio de Vitoria ha sido extraordinario, cada vez a mejor.
-¿Le gustan las fiestas de La Blanca como son?
-A medida que uno cumple años es más conservador. A los veinte, las fiestas de La Blanca me parecían perfectas, las mejores del mundo sin ninguna duda. A los 59 no me parecen las mejores del mundo, pero tampoco otras. Ahora, el 4 y el 5 me parecen días maravillosos. Soy una persona muy comprometida con sociedades gastronómicas y, aparte de la propia, Lagundi, hacemos intercambios e invitamos a gente de fuera. Lo pasamos muy bien.
«Nada que suprimir»
-¿Qué cambiaría, añadiría y suprimiría de las fiestas?
-Las fiestas no se pueden canalizar. No creo que haya que suprimir nada. La sociedad es la que poco a poco va enfantizando unas cosas y debilitando otras. Pienso que hay que dejarlo espontáneamente. En conjunto la gente se lo pasa muy bien y los mayores también tienen muchas actividades. Me parece un programa razonablemente bien organizado.
-Vuelve a Vitoria tras montar el servivio de Psiquiatría en Cruces. ¿Qué balance hace de su paso por el macrohospital vizcaíno?
-Estoy muy contento porque no había un servicio de Psiquiatría en el buque-insigne de Osakidetza, como llaman los jefes a Cruces. Y lo monté con un esfuerzo importante, cuando hoy nadie puede elegir sus equipos porque no mandan los criterios técnicos, sino los laborales. Los intereses laborales están muy por encima de los de los enfermos, se diga lo que se diga. Yo soy sindicalista con sentido común, pero los sindicatos tienen que actualizarse. ¿El balance de Cruces? En rendimientos asistenciales, absolutamente a la cabeza de Euskadi junto al hospital Santiago. Y en investigación, justo detrás de Santiago.
-¿Cuál es el diagnóstico mental de Vitoria que realiza el psiquiatra Miguel Gutiérrez?
-Obligatoriamente debo ser crítico. Vitoria es una ciudad poco ambiciosa, que se pierde en interacciones estériles. ¿Bah! En este sentido es desesperante.
-¿Debe ser más arrojada?
-Los políticos deberían ser más generosos. No se pacta nada o, al menos, mucho menos de lo que se debería. Ningún partido político puede pretender dominar sobre los demás y eso, en Euskadi, todavía no lo conocemos.
-¿Es una ciudad enferma de algo o la nota sana?
-Bueno... Enferma, no. Vitoria es una ciudad muy equilibrada. Veo más patologías en otras, que son mucho menos afortunadas. La nuestra es bastante sana.
-Cambio de gobierno municipal. ¿Será bueno para impulsar los grandes proyectos dormidos?
-Yo he sido partidario de todo. Del tranvía, con otro trazado; del auditorio, pero separado de Palacio de Congresos porque no tiene nada que ver una cosa con la otra...
-¿Auditorio en La Senda?
-Sí. ¿Dónde si no? No tiene sentido ponerlo a cinco kilómetros del centro. ¿En qué ciudad del mundo pasa eso?
-Aparte de estos proyectos, proponga uno novedoso que a usted le resulte importante.
-En los próximos años nos tiene que ocupar una sensibilidad especial con la tercera edad. Cuando se habla en Vitoria de un tercer hospital nadie pretende algo semejante a Santiago o a Cruces. Estamos diciendo que esos dos no están preparados ni diseñados para ese sector de la población.
-¿Es partidario del tercer hospital?
-Sí, claro que sí. Pero no general, sino dedicado de manera específica a la geriatría, a los cuidados paliativos... Y no sólo en Vitoria, también en Bilbao y en San Sebastián.
-Para generar estabilidad, ¿los socialistas tendrían que aliarse con el PP o con el PNV?
-Esa la pregunta del millón. Lo que no entiendo es cómo minorías políticas, los 'partidos bisagra', pueden alcanzar tanto poder. Siempre he sido partidario de listas abiertas. Los partidos se tienen que renovar democráticamente y sólo lo hacen cuando pierden. No entiendo por qué el voto se puede distorsionar de tal manera. Voto y no tengo ni idea de qué van a hacer con él.







