Al parecer, el Ayuntamiento otorgó el permiso, pero se olvidó de pedir una renuncia expresa a los paños menores, «por lo que no nos condicionan a no estar desnudos», explicó un portavoz de PETA, que, aun así, aconsejó «no abusar de este despiste». «Recomendamos no pasarnos con la desnudez porque sabemos que Pamplona es una ciudad muy conservadora y no queremos violentar a los ciudadanos», dijo, aguando la fiesta a los más cachondos. Claro que, una de cal y otra de arena, después anunció la presencia para el próximo año de... ¿Pamela Anderson!, mujer que lanzada a la carrera sin duda promete emociones fuertes, aunque sea en refajo. El caso es que ayer hubo de todo: corredores en paños menores y también activistas recalcitrantes que desoyeron la petición de recato y se airearon como en años anteriores.
En cuanto al aspecto más serio y menos lúdico de la protesta, PETA dice que esta vez aceptó «la ruta alternativa» a la del encierro tradicional porque consideró «que era mucho más importante el mensaje que el lugar» y el mensaje «es festejar la vida y no la muerte». Así, el «encierro humano» comenzó en el Puente de la Rochapea, junto a la Cuesta de Santo Domingo, donde cada mañana comienza el de verdad. Y terminó ante la plaza de toros con una pancarta en la que se leía: «No pueden esperar más, derechos ya para los animales».
PETA asegura que los toros «son golpeados con varas y bastones eléctricos para provocar su estampida» y que «sufren severas lesiones al caer en las calles empedradas y golpearse con los muros». También que «son debilitados con tranquilizantes» y que se emplea «vaselina para nublarles la vista».







