
'ONCE IN A LIFETIME'
La vida a veces da las mismas vueltas. Porque antes del centrocampista inglés lo intentaron otros grandes futbolistas, como Pelé, Franz Beckenbauer, Carlos Alberto o Johan Neeskens. Todos ellos recalaron en el mismo club. El Cosmos de Nueva York. Una auténtica galaxia futbolística que brilló con diferente intensidad en los setenta y cuyas andanzas aparecen retratadas en el entretenido documental 'Once in a Lifetime'. La película, una de las que logró mayores sonrisas en el festival de Valladolid, no presenta en verdad a un equipo de fútbol al uso, sino más bien a una banda de rock que, además de codearse con Mick Jagger y Henry Kissinger y protagonizar salvajes fiestas, jugaba partidos en el impresionante Giants Stadium ante 70.000 espectadores.
«La del Cosmos es una historia de auge y caída. La clave de toda esa fascinación que había alrededor del equipo era Pelé, y eso es algo que hoy en día no se podría volver a conseguir. Pelé era un mito universal, el mejor futbolista del mundo, y se vino a Estados Unidos a jugar. A los norteamericanos les encanta la gente que abraza su país», comenta Paul Crowder, director junto a John Dower de 'Once in a Lifetime'. La ausencia de declaraciones del astro brasileño, que quiso cobrar un dineral para ser entrevistado, llama la atención en una cinta en la que hablan otros futbolistas, pero que se centra más bien en su figura. Y es que, en vez de dar patadas al balón en los prestigiosos campeonatos europeos, O Rei salió de Brasil sólo para jugar en un club desconocido que participaba en una liga olvidada. La culpa la tuvo Steve Ross, un tipo que logró que firmara, gracias a conexiones en altas cúpulas gubernamentales, el contrato deportivo más caro en aquel entonces. Con él llegaron los partidos televisados, la afición, la locura, el lujo y, definitivamente, los problemas.
El irreverente Chinaglia
Uno de ellos fue el controvertido jugador italiano Giorgio Chinaglia. No tanto por su conservadora concepción del juego como por su carácter irreverente. «Chinaglia fue al fútbol lo que Noel Gallagher a la música», compara el productor John Battsek. «Si a la gente no le caía bien, a él le importaba una mierda», resume tras recordar que, pese al presumible desenlace, la trayectoria dispar del impresionante Cosmos contribuyó a que el país norteamericano organizara el Mundial de 1994.






