
Este año volverá a ocurrir prácticamente lo mismo. La mitad de los bares y restaurantes tienen previsto cerrar sus puertas en las semanas de agosto posteriores a La Blanca, tal y como ha podido comprobar EL CORREO tras realizar un sondeo entre un centenar de establecimientos de las zonas céntricas de la ciudad. Cuarenta y nueve de los establecimientos consultados avanzaron su voluntad de trabajar durante todo el mes de agosto. Los otros cincuenta y uno, en cambio, han elegido esas semanas para que propietarios y empleados disfruten de sus vacaciones anuales.
Estarán cerrados locales emblemáticos en el sector y con renombre en el mundo de la gastronomía como Ikea, El Portalón, El Caserón, El Clarete, Izaga o Andere. Pero vitorianos y visitantes podrán sentarse a la mesa en otros locales afamados como Zaldiaran, Sagartoki, Arkupe o El Mesón, que abrirán todo el mes.
Cuando llegan esas fechas no faltan voces que destacan la «contradicción» que supone fomentar Vitoria y Álava como destinos turísticos y rebajar sin embargo de manera importante su aliciente gastronómico y comercial en el mes vacacional por excelencia. De hecho, el Ayuntamiento lleva años tratando de sensibilizar al gremio y lograr un nivel de aperturas «digno». El ex concejal de Comercio Fernando Aránguiz pidió «organización» al sector «para no cerrar todos a la vez». Siempre con escaso eco.
Desde las empresas turísticas, el fenómeno se ve con otra perspectiva. «Puede que los vitorianos no lo aprecien, pero de año en año crece el número de establecimientos que abren, aunque lo hace poco a poco», admite Iñaki Garmendia, presidente de Álava Incoming, la asociación que agrupa a 81 firmas del sector. A su juicio, «no se puede olvidar que el comercio y la hostelería vitorianos están enfocados históricamente hacia el mercado interior y se organizan, en horarios y vacaciones, en esa clave». Con todo, está convencido de que el turismo en Álava seguirá asentándose y ganando fuerza en los próximos años.
Derecho al descanso
Garmendia cree, sin embargo, que las transformaciones vienen de la mano de la terciarización de la sociedad alavesa y de los cambios sociales en torno a las vacaciones. «Cada vez más gente tiene que repartir su periodo de descanso y necesita servicios en agosto. Los comerciantes se dan cuentan de ello y poco a poco, abren», explica.
Los hosteleros que cierran en esas fechas apelan a que ellos también precisan un descanso anual. «Nuestra apuesta es el cliente vitoriano y no tanto el turista. Tenemos que cerrar unos días y creemos que esas semanas, cuando la mayoría de los vecinos está ausente, son los mejores», asegura Patxi Ruiz de Retana, de El Clarete. En la misma línea, en El Portalón subrayan su dedicación preferente a las empresas y las comidas de negocios para explicar su elección, mientras Álvaro Tobalina, del Andere, resalta que muchos vitorianos dejan la ciudad esas semanas no sólo para irse de vacaciones a las playas o a sus pueblos, sino para acudir a Bilbao o San Sebastián, que celebran esos días sus fiestas. Otros creen que hay que compaginar todos los intereses. «También nosotros necesitamos vacaciones y no creo que los turistas se encuentren la ciudad cerrada», apunta Mikel Bilbao, titular de El Matxete.
Entre quienes acostumbran abrir prima la satisfacción por hacerlo. «Sólo cerramos dos días, 11 y 12 de agosto, los mínimos imprescindibles para descansar después de fiestas», dice la maitre de Sagartoki, Patricia Borja. «Nos compensa abrir en agosto, tanto la barra de pinchos como el restaurante», comenta. Una opinión que comparte Juan Lecea desde El Mesón.«Agosto no es el mejor mes del año, pero tampoco el peor. Así de claro», asegura.







