
Las cifras preocupan en todos los estamentos, pero son fiel reflejo de una premisa en la que coinciden políticos, psicólogos y técnicos municipales de las capitales vascas consultados por EL CORREO: Los menores consiguen alcohol en Euskadi «con toda facilidad», admite la directora de Drogodependencias del Gobierno vasco, Belén Bilbao.
El Ejecutivo, que colabora «de forma permanente» con los ayuntamientos y asociaciones sectoriales, mantiene que la educación, las campañas formativas y la transmisión de valores a los escolares son la clave para solventar un fenómeno «que en buena parte es un reflejo de la sociedad y el momento en el que vivimos: competitivo, consumista y de bonanza económica», subraya Bilbao. Pero no oculta lo obvio: «En Euskadi existe una ley de 1998 que prohíbe la venta y suministro de alcohol a menores. Hay que hacer que se cumpla y, por supuesto, sancionar a los locales que se la saltan, aunque sería más eficaz lograr la implicación ética de propietarios, camareros, tenderos o dependientes».
Es evidente que los jóvenes consiguen sin aparentes problemas bebidas de graduación en grandes cantidades los fines de semana. Pero ello no se refleja en las estadísticas policiales, más bien parcas en expedientes y sanciones y aún más en decretos de cierre, que suelen venir dados por reincidencia en la infracción. En Bilbao, en los últimos dos años y medio, la Policía Municipal ha sancionado a once locales y establecimientos con multas hasta de 6.000 euros y el cierre de uno de ellos de un mes. En Vitoria, se controlaron 130 bares, tiendas y supermercados en 2006; se impusieron siete multas. El único cierre se ha decretado este mismo año, un pequeño establecimiento del centro que también recibió una sanción «ejemplar» de 5.000 euros por despachar botellas a los adolescentes. Tres menores fueron identificados tras adquirir «Licor 43, vodka, Malibú y ron», dice el atestado policial. En San Sebastián, se han abierto trece expedientes en el último año y medio. Nueve acabaron en sanciones de 1.200 euros.
«Hay que controlar mucho más la venta a menores», sostiene el recién designado concejal de Asuntos Sociales de la capital alavesa, el socialista Peio López de Munain. «No es la única labor pendiente para normalizar este fenónemo -admite-, pero hay que acorralarlo desde todos los frentes».
«No es fácil»
«No es tarea fácil», explica desde su óptica un representante sindical de la Policía Municipal de la capital vizcaína. «Hay que pillarles 'in fraganti', con las manos en la masa. En Bilbao existe una unidad especializada de agentes que se encarga de vigilar estas transacciones, pero no es sencillo llegar a la sanción y a la multa», agrega. Y no sólo porque «no puede haber un policía en cada esquina», como apunta Javier Orduna, director del área de Salud Pública del Ayuntamiento de Bilbao, sino porque hecha la ley, hecha la trampa. «Todos sabemos lo que ocurre. El mayor de edad, un amigo o un primo entra y compra para todos», refleja su homólogo en Vitoria, Juanjo Estíbarez. «A nadie le puede coger esto de sorpresa».
Más eficaz parece haber sido el despliegue de las capitales vascas contra el 'botellón', el consumo de alcohol en la calle por parte de grupos de adolescentes y jóvenes. Las tres ciudades tienen ordenanzas propias que limitan esta práctica. Vitoria fue pionera en 1990, cuando introdujo en su normativa la prohibición de consumir bebidas alcohólicas en la vía pública pese a que aún ni siquiera existía el concepto de 'botellón', más reciente. San Sebastián incorporó un artículo similar en su ordenanza de civismo en 2004, mientras Bilbao elaboró una normativa específica que entró en vigor en otoño.
«Se ha notado mucho», afirma Pedro, representante de la sección sindical de ELA en la Policía Municipal. Bajo amenaza de sanción, los agentes informan y retiran las bebidas a los jóvenes, que ya casi han abandonado la práctica en aquellos lugares más vigilados por las patrullas, como Iturribide, Fika, San Ignacio o el parque de Etxebarria. «Tratamos de informar y explicar a los chavales, no de coserles a multas», agrega. «De hecho, hay agentes que trabajan de noche y que no han puesto ninguna. En cuanto a la reducción de ruidos y molestias, la ordenanza ha sido muy eficaz».
Pero se supone que los chavales siguen con sus hábitos nocturnos, «sólo que en sitios diferentes», elucubra Orduna, que también ha seguido muy de cerca la aplicación en Bilbao de la ordenanza 'anti-botellón'. «Hay que tener en cuenta que para ellos es una forma de relacionarse, no sólo algo relacionado con el alcohol», apunta. «De hecho, tenemos estudios que indican que el 40% de los chavales que hace botellón no bebe, está ahí porque es donde están sus amigos», afirma. Orduna, como Estíbarez en Vitoria, imagina que los chavales se han desplazado de la calle a las lonjas alquiladas que proliferan en las capitales. «Y eso también nos preocupa, porque es más peligroso», indica. «En la calle, los chavales están controlados por sus iguales y en caso de emergencia nunca se está solo. En las lonjas, ese control es menor».
Las tres capitales vascas han adoptado la 'carta a los padres' como método de reprimenda a los menores sorprendidos en el 'botellón'. Vitoria mandó 85 sobres con malas noticias en 2006. «El resultado es a veces descorazonador», admite Estíbarez. «Hay quien contesta con un 'no se metan donde nadie les llama', lo que es inaudito», afirma asombrado. En la capital vizcaína, el Ayuntamiento mandó 23 misivas en 2005, en las que ofrecía a los padres el asesoramiento municipal. ¿Respuestas? Ninguna.






