
Una avería en la caja de cambios dejó varado al ovetense. Lo suyo fue salir a la pista y regresar sin completar el paso por meta. Los técnicos se lanzaron como depredadores al motor. Malo. El piloto, inerte en el cockpit, resignado a seguir por la pantalla cómo lo hacían los demás. La cosa se prolongó hasta tal punto que consumió el tiempo de la manga. Alonso aguantó con el casco puesto hasta los últimos seis minutos de la manga. Fue entonces cuando le confirmaron que el mal no tenía remedio inmediato.
Problemas matinales
No fue la única pifia que le afectó. También en la sesión matinal de ensayos libres se dio un atracón de monitor. Un sensor de freno decidió salirse de los parámetros marcados y saboteó el monoplaza enviando informaciones erróneas. Alonso, a pie de muro, sólo pudo acceder su coche a dos minutos y medio para la finalización de la cuenta atrás. En su única vuelta lanzada sin tráfico marcó la octava mejor vuelta, a casi nueve décimas de Hamilton.
El consuelo para el portador del número 1 es que su compañero de equipo fue superado a la hora de la verdad por Felipe Massa. Tal como está el campeonato, con seis victorias de siete para los poseedores de la 'pole', mejor darle una opción de recuperación a Ferrari, escudería que ha acabado por dominar desde el viernes en Magny-Cours, la víspera con más autoridad que ayer. El 'poleman' brasileño suma así su cuarta muesca de privilegio de la temporada. En Bahrein y Montmeló ganó, pero en Malasia cedió ante un ataque de ansiedad al no soportar la presión en la arrancada.
A su lado se las verá con Lewis Hamilton, que comenzó la calificación marcando las dos mejores vueltas antes de ceder ante el carioca por un parpadeo. Tras ellos, Raikkonen, confirmando el resurgir de las máquinas de Maranello, y el revivido Robert Kubica, que vuelve a lo grande, «más vivo que nunca», como dijo ayer, a la actividad tras su espectacular accidente en Montreal. A nadie le extrañó, tampoco, que los Renault de Fisichella y Kovalainen coparan la tercera fila. Corren en casa y de alguna manera debían dejarse ver, pues en carrera lo tendrán complicado.
Al ataque
Así pues, o Fernando Alonso recurre a su racialidad y atemoriza a quien se tope por el camino o se ampara en una estrategia kamikaze que si en algún circuito es posible es en Magny-Cours. Para su compañero Hamilton queda su asignatura pendiente: atacar, algo que aún no ha hecho. Eso sí, ha demostrado ser un excelente defensor. Todo ello con el permiso de un equipo Ferrari cuyos protagonistas han recuperado el brillo en la mirada. La cosa promete, por fin.






