
Ciertamente, la película ha de ser vista con mentalidad adolescente como la gran aventura que a todo joven le habría gustado vivir. Sus pretensiones no van más allá de este planteamiento. Las referencias hacia su inspirador adulto, James Bond, no pueden ser más evidentes. Además de servir al mismo patrón, pero con una personalidad bien diferente a M, y contar la ayuda de un sosia de Q para el correspondiente abastecimiento de gadgets, la pretensión sigue siendo la de salvar el mundo de una amenaza personificada en un villano bien instrumentado, y algo guarro, por el siempre sorprendente Mickey Rourke.
La virtud de esta película está en su intrascendente entretenimiento. Las secuencias de acción se suceden sin innecesarias disquisiciones y tiene la virtud de satisfacer a todos sin exageraciones digitales y con una bien medida utilización de los efectos especiales. El montaje juega con cierta sorna con sonidos e imágenes encadenados mostrando momentos de originalidad agradable. Además, cuenta con un reparto interesante por medio de colaboraciones estimables.






