Los presuntos miembros de ETA Irkus Badillo y Gorka Vidal han reconocido hoy indirectamente durante el juicio que celebró la Audiencia Nacional contra ellos por la denominada 'caravana de la muerte' su intención de colocar en una zona industrial de Madrid una furgoneta bomba con 536 kilos de explosivos antes de las elecciones generales de 2004. La actuación de la Guardia Civil al interceptar la furgoneta el 28 de febrero de 2004 en Cañaveras (Cuenca) frustró la operación. Entre sus planes se encontraba también un posible atentado contra la estación de esquí de Baqueira Beret.
Los procesados trataron de exculpar al también acusado Beñat Barrondo en los hechos enjuiciados, por los que la fiscal Blanca Rodríguez pide para cada uno de ellos 39 años de prisión. Les imputa un delito de pertenencia a banda armada, dos delitos de terrorismo en grado de tentativa y un delito de tenencia y transporte de aparatos explosivos.
El abogado de Barrondo, Iñigo Iruin, preguntó a Vidal en un momento de su interrogatorio si Beñat conocía la pretensión del comando de atentar en Madrid, a lo que éste respondió: "Barrondo no sabía nada de la colocación de la furgoneta". Momentos antes explicó que éste había manifestado meses atrás al entonces jefe de "comandos" de ETA Gorka Palacios que quería abandonar la organización terrorista, por lo que desconocía sus planes para atentar en la capital.
Vidal, que conducía la furgoneta Bomba, y Badillo, que iba delante en un coche lanzadera, se negaron a contestar a las preguntas de la fiscal Rodríguez. El primero se limitó a señalar que sólo contestaría a las preguntas de la defensa, mientras que el segundo afirmó que no contestaría "a nada" del tribunal, el que calificó de "fascista" y de "excepción". Ambos tendrán que declarar como testigos, junto con el histórico etarras Henri Parot, en el juicio de la masacre del 11-M a petición de la defensa de uno de los 29 procesados.
El 11-M y Baqueira Beret
Pese a que Vidal manifestó su intención de no responder a las preguntas de las acusaciones, el abogado de la acusación popular que ejerce la Asociación Víctimas del Terrorismo (AVT), Juan Carlos Rodríguez Segura, le preguntó si dentro de su itinerario hacia Madrid "tenía previsto hacer una parada en la finca de Morata de Tajuña", en la que los islamistas prepararon los artefactos explosivos utilizados en los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid. Los tres procesados, que integraban el 'comando Gaztelu' en memoria del etarra Salvador Gaztelumendi Gil, le respondieron riéndose.
Vidal explicó ante el tribunal que se reunió en tres ocasiones en Francia con Palacios. En una primera reunión hubo un primer contacto con el jefe de "comandos", quien les ordenó recabar información sobre la estación de esquí de Baqueira-Beret, en Lleida. En la segunda cita, según dijo, Barrondo manifestó a Palacios que quería abandonar ETA , mientras que él recibió un cursillo de manejo de explosivos.
El acusado admitió seguidamente que estuvo recabando información en dicha estación de esquí para cometer un atentado en las navidades, pero que tuvieron que desistir de ello por el fuerte temporal. Sobre este atentado, aseguró que Barrondo no tuvo ninguna intervención en la obtención de datos.
"No tenía valor"
Tanto Vidal como Badillo indicaron que Barrondo comunicó a Palacios en una segunda cita, dos semanas después, su deseo de desvincularse de ETA y negaron que participara en los hechos posteriores. A preguntas de la fiscal, Barrondo reconoció que perteneció a ETA durante dos semanas, pero decidió abandonar la banda terrorista porque "no estaba preparado ni tenía valor para hacer las cosas que ahí se realizaban". "Pensé que era una idea muy bonita, pero en la segunda cita vi la realidad en la que me había metido", declaró.
El procesado relató que Badillo le captó para formar un nuevo comando, por lo que tuvieron una primera cita con Palacios en Francia. A las dos semanas, le manifestó a Badillo que quería dejar la banda terrorista, a lo que éste le aconsejó que se lo contase personalmente al jefe de comandos. Ese día así lo hizo, entregándole al tiempo un croquis del parking ubicado tras el cuartel de la Guardia Civil en Llodio.
Preguntado por la fiscal por el por qué entregó dicho croquis, Barrondo manifestó que no quería quedar mal ante la organización terrorista. Seguidamente, rechazó que hubiese recopilado datos sobre el ex concejal del PP en este pueblo Carlos Urquijo y señaló, en este sentido, que sólo hizo un comentario acerca de que el edil trabajaba en el Ayuntamiento de Llodio, donde el era técnico de delineación.
Bomba compleja
En el interior de la furgoneta interceptada en Cañaveras, los Tedax encontraron un cajón metálico de color negro que contenía un complejo artefacto explosivo compuesto por 506 kilos de explosivo casero 'cloratita', 30 kilos de dinamita de la marca Titadyn de fabricación francesa y 90 metros de cordón detonante de 12 gramos por metro de pentrita, también de fabricación francesa.
En la guantera del vehículo los agentes intervinieron un envase de plástico color verde con la inscripción 'detoak', que contenía un artificio electrónico compuesto por cables y clavijas, y además se encontró un mapa de España con el itinerario marcado y manchado de sangre, un plano de Madrid con diversos puntos señalados y un plano del Pirineo. A ello se añadía una nota manuscrita en euskera que comienza con la palabra 'dispositiboa'.
En el coche lanzadera se encontró otro mapa de carreteras de España marcado con círculos y una anotación manuscrita que pone 'Tendilla', y que se refería al itinerario hasta Madrid y también manchado de sangre, y diversas anotaciones con los números de teléfono de la Cruz Roja y el diario Gara, "medios a través de los cuales se iba a reivindicar el atentado", según la fiscal.