El papa Benedicto XVI ha recordado hoy las situaciones de injusticia y de violencia en el mundo, las guerras olvidadas por la opinión pública y el peligro del terrorismo, durante la misa celebrada en la Basílica de San Pedro, dedicada a la Jornada Mundial de la Paz.
Benedicto XVI ha afirmado que "ahora es aún más que nunca necesario actuar juntos" ante las circunstancias que amenazan la paz: "las situaciones de injusticia y de violencia, que continúan existiendo en varias regiones de la tierra, los conflictos armados, a menudo olvidados por la mayoría de la opinión pública y el peligro del terrorismo, que turba la serenidad de los pueblos".
El Pontífice ha añadido que conseguir la paz es "un don que evocar con la oración y un deber que realizar con valor y sin cansarse nunca". En su homilía, el Papa ha recordado especialmente la situación que se vive en Tierra Santa, "donde nació Jesús", e imploró "para que también en aquella región llegue la paz y se resuelva el conflicto armado, que dura ya desde hace demasiado tiempo".
Según Benedicto XVI, los derechos humanos tienen que ser reconocidos "no en simples pactos humanos sino en la misma naturaleza del hombre y su inalienable dignidad de la persona" para que no se caiga en "interpretaciones positivistas". "Si los elementos constitutivos de la dignidad humana se dejan a las variables opiniones humanas, también sus derechos, solemnemente proclamados, pueden terminar siendo débiles e interpretables", agregó el Papa .
Retomando el mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, que el Pontífice envió a todos los representantes de las naciones, Benedicto XVI afirmó que "respetando la persona se promueve la paz y construyendo la paz se construyen las premisas para un auténtico humanismo integral". Joseph Ratzinger explicó además que el cristiano tiene que ser "un incansable operador de paz y defensor de la dignidad humana y de sus inalienables derechos".
La misa de hoy también estuvo dedicada a la "solemnidad de la Madre de Dios" y, por ello, el Papa dedicó parte de su homilía a destacar la "maternidad" y la "virginidad" de la Virgen María. El Pontífice explicó que la virginidad y maternidad de María son "dos prerrogativas que se proclaman siempre juntas y de manera indivisible porque se integran y se califican la una con la otra" y si falta una de ellas no se entiende "el misterio" de la Virgen, como lo representan los Evangelios.