Un comando etarra formado por al menos tres hombres y una mujer se apoderó ayer de más de 350 pistolas en un almacén de la empresa Sidam situado en la localidad francesa de Vauvert, a unos veinte kilómetros de Nimes. La acción de los pistoleros se prolongó ocho horas y durante ese tiempo secuestraron a una mujer y a su hijo para forzar a la propietaria del establecimiento a quitar la vigilancia y a desactivar las alarmas del local.
El asalto, que guarda similitud con algunos atracos perpetrados por ETA a principios de los años ochenta, se inició a las siete de la tarde y concluyó a las tres de la madrugada. Los rehenes fueron atados y amordazados mientras los miembros de ETA, que hablaban entre sí en castellano, se daban a la fuga, según han informado fuentes de la investigación.
La operación de los terroristas se inició a las siete de la tarde de ayer en la localidad de Vestric et Candiac, en el Departamento de Gard, a unos veinte kilómetros al sur de la ciudad de Nimes, y que está situada a corta distancia de Vauvert, el municipio en el que la empresa Sidam tiene sus locales comerciales. Sidam es una compañía dedicada a la importación de armas y a su comercialización posterior entre mayoristas. Esta sociedad tiene la representación en Francia de la firma norteamericana Smith and Wesson y atiende su negocio desde unas instalaciones ubicadas en la Avenida Maurice Privat, de Vauvert.
Toman dos rehenes
Los miembros del comando acudieron a la vivienda del hijo y la nuera de los propietarios del negocio y sorprendieron a la mujer y a un hijo que, según las fuentes consultadas, tiene nueve o diez años. Los dos fueron secuestrados e introducidos en el coche de la rehén con el que se trasladaron hasta el domicilio particular de los propietarios del almacén de armas, donde se encontraba sola la esposa del dueño del negocio, suegra y abuela de los dos primeros rehenes.
Los etarras advirtieron a la mujer que tenían en su poder a los dos familiares y le exigieron bajo amenazas que colaborara con ellos. La propietaria fue obligada a llamar por teléfono a la sede de la empresa Sidam para indicar a los empleados de seguridad que se podían marchar y pedirles que no conectaran las alarmas ya que, según les dijo, ella misma tenía que acercarse poco después para realizar unas gestiones.
En fuentes policiales francesas se destaca que los terroristas tenían un exhaustivo conocimiento de los movimientos de la familia ya que, además de haber localizado los respectivos domicilios, sabían las costumbres de sus moradores. En la conversación mantenida con la dueña de la empresa los miembros de ETA aportaron datos que revelaban que conocían lo que hacía su marido. De hecho, habían elegido un día en que se encontraba ausente para llevar a cabo el asalto.
Los miembros de ETA participantes en la operación eran, al menos, tres hombres y una mujer que se cubrían el rostro con capuchas. Uno de los asaltantes vestía un jersey negro y pantalones vaqueros. Algunas versiones indicaban que uno de los etarras portaba un uniforme de la Gendarmería, pero este extremo no ha sido confirmado.
Las esposas robadas
Cuando comprobaron que los vigilantes de seguridad se habían marchado siguiendo las instrucciones de la mujer, los miembros del comando trasladaron a los tres rehenes hasta los locales de la empresa Sidam, donde penetraron sin ningún problema. La propietaria del establecimiento fue inmovilizada mediante el empleo de cinta de embalar, mientras que el niño y su madre fueron atados con unos grilletes de la Gendarmería que, según se pudo comprobar posteriormente, habían sido robados por otro comando de ETA a una pareja de agentes de este cuerpo el pasado 5 de marzo en la localidad de Figeat, departamento de Lot.
Ese día dos agentes de la Gendarmería salieron a identificar a un individuo sospechoso que estaba junto a un Opel Zafiro en las cercanías de un Centro de Armamento del Ejército francés. Otro etarra sorprendió por detrás los gendarmes a los que arrebataron dos pistolas, un subfusil, los uniformes y las esposas. Los policías fueron atados en un granero y abandonados.
Con los tres rehenes neutralizados, los miembros del comando etarra se dedicaron a sacar del almacén un número indeterminado de pistolas y revólveres que, según los últimos datos, podría superar las 350 unidades. Las armas robadas son de diversas marcas y calibres, aunque predominan entre ellos las correspondientes a la firma Smith and Wesson.
A las tres de la madrugada, los cuatro hombres y la mujer que integraban la célula de ETA terminaron de sacar las armas y se marcharon, dejando a sus rehenes en el interior. Varias horas más tarde, la propietaria logró romper las ligaduras de la cinta de embalar con que había sido amarrada y dio la voz de alerta a la policía.