![]() desde lo alto. La iglesia de la Asunción domina el entramado gótico de Gandesa.
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Al sur, los Puertos de Beseit ofrecen el fuerte contraste de sus intrincadas montañas. Hay mucho que conocer: ruinas ibéricas, castillos templarios, palacios renacentistas, iglesias románicas y góticas y edificios industriales de bella traza modernista. Sus pueblos tienen una larga historia y una intensa actividad centrada en la agricultura y la comercialización de los productos del campo, especialmente el vino. En muchos de ellos está presente la huella dejada por la batalla del Ebro, uno de los episodios más dramáticos de la Guerra Civil.
Gandesa es el núcleo urbano más importante de la zona. En el centro –en el entorno de la plaza y la calle Mayor–, donde está concentrado su patrimonio monumental, pueden contemplarse la hermosa iglesia de la Asunción, con portada románica, decoración morisca, ventanales góticos y una destacada torre barroca, la antigua cárcel, el edificio de traza gótica que fue Casa de la Villa y varios palacios, entre los que destaca el de los barones de Purroi.
La pesadilla
A la salida de la población, hay un edificio que no pasa inadvertido. Se trata del Celler de la Cooperativa Agrícola, donde se elaboran los vinos y aceites, una construcción en la que el arquitecto César Martinell, discípulo de Gaudí, volcó imaginación y estética: sus torretas exteriores, los adornos en baldosa y cerámica y la utilización del ladrillo en puertas, ventanales y bóvedas interiores hacen de él una obra maestra de la arquitectura industrial modernista.
Frente al Celler se encuentra el Centro de Estudios de la Batalla del Ebro. Puesto en marcha y mantenido por voluntarios locales, el instituto reúne testimonios gráficos y sonoros de este episodio de la Guerra Civil que se desarrolló en el entorno de Gandesa y que obligó a la población a evacuar sus casas a comienzos de agosto de 1938. En las aulas de lo que fue la escuela pueden verse fotografías, libros, revistas, carteles, uniformes, material de guerra y un audiovisual sobre la cruenta lucha que tuvo lugar entre el 25 de julio y el 16 de noviembre por el dominio de las orillas de este tramo bajo del Ebro y que terminó con la victoria de las tropas franquistas.
Conocidas canciones del momento, como la que tiene por letra «aunque me tiren el puente y también la pasarela, me verán pasar el Ebro en un barquito de vela», resuenan entre las paredes del pequeño edificio del centro. Todo el término municipal de Gandesa aparece sembrado de recuerdos de la batalla –algunos situados en parajes impresionantes– que añaden un interés especial al recorrido.
A unos cinco kilómetros de la población, en dirección a Alcañiz, junto a las ruinas de una necrópolis ibérica, se levanta en el Coll del Moro un monolito que recuerda la presencia en el lugar del general Franco, a mediados de agosto de 1938, para inspeccionar el curso de las operaciones; unos metros más adelante aparece una torre circular que forma parte del poblado ibérico, fechado entre los años 800 y 500 antes de Cristo, al que correspondía la necrópolis. La visita merece también la pena por las magníficas vistas que se tienen desde el lugar.
Pero los escenarios más sobrecogedores se encuentran en la sierra de Pàndols, tomando la desviación a La Fontcalda en la carretera que va de Gandesa a Tortosa. El hermoso santuario neoclásico de este nombre está situado al fondo de un desfiladero, junto a un balneario de aguas termales. Fue aquí donde las tropas franquistas iniciaron el avance hacia los altos de la sierra en los que resistían las fuerzas republicanas, compuestas en buena parte por la llamada ‘quinta del biberón’, jóvenes de menos de 18 años.
Para llegar a la Punta Alta, conocida como la cota 705, hay que retroceder y tomar una pista forestal que pasa por la ermita de Santa Magdalena y sube hasta el lugar donde un monumento recuerda a los fallecidos en la guerra. Se trata de un cubo de cemento con una paloma de la paz en relieve y una leyenda: ‘A todos los que combatieron en la batalla del Ebro’. Precisamente, en este enclave perdieron la vida un gran número de hombres de ambos ejércitos, una tragedia que ni siquiera el impresionante paisaje logra minimizar. Hacia el este, se contempla el curso del Ebro y los pueblos de la llanura hasta su desembocadura; al sudeste, el mar de picos rocosos de Els Ports de Beseit que asoman entre pinos, y, al norte, la abrupta sierra de Cavalls.
En otras poblaciones de la comarca, los recuerdos de la batalla están también presentes. El más patente se encuentra en el ‘poble vell’ de Corbera d’Ebre, un conjunto de ruinas descarnadas donde un grupo de artistas catalanes han dejado en el Abecedario de la Libertad poemas y obras de denuncia de las guerras, germen de un futuro museo sobre la paz. Entre los destrozos producidos por los bombardeos y combates, destaca fantasmal la torre barroca de la iglesia de Sant Pere.
Casas colgadas
Pero el entorno del río, la Terra Alta y sus alrededores dan también oportunidades a un turismo más festivo. Hay poblaciones de trazado medieval como Batea, que conserva las puertas de la muralla, calles con arcadas, una hermosa iglesia barroca y neoclásica dedicada a San Miguel y varios edificios civiles de piedra de sillería. También Vilalba dels Arcs, muy próxima, cuenta con una plaza porticada, restos de las antiguas murallas y sus puertas de acceso, la iglesia de la Mare de Deu de Gràcia –de época templaria– y, sobre todo, la interesante iglesia de Sant Llorenç, iniciada en gótico y con elementos renacentistas y barrocos.
En La Fatarella, la arquitectura popular de su intrincado casco antiguo se complementa con la presencia de dos buenas iglesias renacentistas: la parroquia de Sant Andreu y la capilla de la Mare de Deu de la Misericordia. No hay que olvidar los paisajes de la zona, especialmente el tramo que va desde Flix a Mora d’Ebre, donde el cauce fluvial discurre encajado entre laderas medio cubiertas de una frondosa vegetación de cultivos en terrazas y árboles de ribera. Los beneficios del agua se evidencian por todas partes.
Aún quedan, en la zona sur de esta ruta, dos poblaciones de gran interés. En El Pinell de Brai puede verse un grupo de casas colgadas en la roca al borde de un precipicio que compiten en presencia con la torre de la iglesia parroquial de Sant Llorenç, destacando sobre el retorcido trazado de su núcleo medieval. Pero el edificio más interesante es, sin duda, el Celler; como el de Gandesa, una obra de Cèsar Martinell con espectaculares arcos elípticos y un magnífico friso de cerámica que representa escenas sobre la vendimia y la recogida y elaboración del aceite.
El mejor broche final lo pone Miravet. La estampa del pueblo antiguo empotrado contra una ladera de roca roja, a orillas del Ebro y coronado por su castillo, es una de las más hermosas imágenes del recorrido. Tanto la fortaleza como la iglesia renacentista deben su estructura actual a los templarios que fueron señores de este territorio.
En el recorrido por las calles estrechas y empinadas de Miravet se descubren una atarazana del siglo XI, arcadas mudéjares, un antiguo molino de aceite, talleres de alfarería y un espléndido panorama del río, con sus meandros ribeteados de bosques. Aún queda una última atracción en este pueblo: el paso de una orilla a otra del Ebro en una barca impulsada por la propia corriente.

Es un recorrido que sigue parte del trazado del tren que unía la Puebla de Híjar y Tortosa. El tramo, de 23,6 kilómetros, puede recorrerse a pie, en bicicleta o a caballo. Comienza en la estación de Arnes y tiene como primer punto de interés la población de Horta de Sant Joan, a un kilómetro del camino. Son de interés el casco, originario del siglo XII, con un buen número de monumentos, el Ecomuseo dels Ports y el museo Picasso, que reúne obras realizadas por el pintor malagueño durante sus dos estancias en la localidad. Entre los preciosos paisajes de las sierras de Pàndols y de Cavalls, la Vía Verde sigue a Bot, pasa cerca de Prat del Compte y del santuario de la Fontcalda y termina en El Pinell de Brai.
Vinos y bodegas
La comarca de la Terra Alta es tradicional productora de vinos, que desde 1982 tienen una denominación de origen propia. Los suelos de componente calcáreo y arcilloso y un clima soleado, acompañado de lluvias suficientes, son las condiciones para el cultivo de las viñas, de las que se obtienen caldos blancos de fuerte graduación alcohólica y tintos afrutados de menor graduación y de cuerpo y color intensos. Son numerosas las bodegas que se pueden visitar, para lo cual conviene informarse en las oficinas de turismo. Destacan por su espléndida arquitectura modernista las ya mencionadas de Gandesa y El Pinell de Brai.
La ruta de la paz


Dónde alojarse: Hotel Piqué (T 977420068), habitación doble 35,31 E. En Mora d'Ebre, Hostal Sant Jordi (T 977400458), habitación doble 25 E. En Valderrobles, a 27 kms. de El Pinell de Brai y 37 de Gandesa, Hotel Torre del Visco (T 978769015), preciosa masía exquisitamente decorada y rodeada de campo, que forma parte de la red Relais Chateaux, habitación doble 210 E , incluidos cena y desayuno para dos personas.
Dónde comer: En Gandesa, Rambla (T 977420929), unos 20 E . En Mora d’Ebre, La Sirga (T 977400936), unos 22 E. En Falset, a 17 kms. de Mora d’Ebre y 41 de Gandesa, El Cairat (T 977830481), preparaciones imaginativas partiendo de muy buenas materias primas; unos 30 E .
Visitas guiadas: Lo Racó del Temple (T 977407393) es una firma dedicada a la organización de visitas guiadas por Miravet y su entorno. También proporciona información sobre la zona y ofrece artesanía, vinos y productos de la tierra, además de libros, guías y mapas.
Información: Oficina Comarcal de Turismo de la Terra Alta, T 977420018. Oficina Municipal de Turismo de Gandesa, T 977420910. Centro de Estudios de la Batalla del Ebro, T 977420760 (fines de semana).







