![]() campos infinitos. Los muros de prados como éste, en Bostronizo, donde pasta el ganado, siguen construyéndose con piedras apiladas./ fotos: Bernardo Corral
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El río Besaya nace cerca de Reinosa, se retuerce rebelde en el espectacular tramo de las Hoces de Bárcena, serpentea luego suavemente –abriendo el terreno a los prados y bosques del valle de Iguña–, vuelve a encajonarse en un pasillo angosto y aparece de nuevo en el valle de Buelna. Más al norte, tras unirse con el Saja, va a desembocar en la ría de Suances. Paralelas al Besaya y entrecruzándose con él se construyeron la vía del ferrocarril, la carretera N 611 y, ahora, la autovía Santander-Palencia, última propuesta de la modernidad cuyas obras no dejan de ser una amenaza para la belleza y la tranquilidad de estos parajes.
Un recorrido por la cuenca fluvial arroja la evidencia de que este territorio posee un pasado denso y que muchas de sus huellas han sido mimadas y conservadas. Con la excepción de Los Corrales de Buelna, localidad que ha crecido desmesuradamente a rebufo de la industria y cuyo núcleo histórico está sitiado por construcciones anodinas, los pueblos mantienen casi intacta su estampa tradicional, rica en casas señoriales, torres defensivas, portones monumentales con escudos nobiliarios y hermosas construcciones populares de piedra, adornadas con balconadas de madera cuajadas de flores o recubiertas de miradores blancos. A dos pasos de Torrelavega, y dentro del valle de Buelna, Cartes y Riocorvo ofrecen también dos conjuntos históricos con una espectacular concentración de casas de piedra roja de los siglos XVII y XVIII, cuyo origen está en las rentas de los emigrantes que hicieron fortuna con el comercio de comestibles en Cádiz.
Moroso, Raicedo, Las Fraguas, Arenas de Iguña, La Serna, Helguera de Molledo, Molledo, Silió, Quevedo, Bárcena de Pie de Concha y, más allá de las Hoces de Bárcena, Pesquera se suceden en el valle de Iguña como las cuentas de un rosario, separados apenas por huertas, pequeños pastos y campos de maíz, en una hilera de menos de veinte kilómetros de longitud, a ambos lados del río Besaya.
En su entorno, escondidos entre las curvas del monte, arropados en el caserío o mirando al llano desde la media ladera, van apareciendo otras joyas menos evidentes: la estela prerromana de Barros junto a la ermita de la Virgen de la Rueda; el tramo de calzada romana que une, pasando por bellísimos parajes, Bárcena de Pie de Concha y Pesquera; la conmovedora capilla mozárabe de San Román de Bostronizo, rodeada de robles y castaños; las iglesias románicas de Santa María de Yermo, la Asunción de La Serna, San Juan de Raicedo, San Facundo y San Primitivo de Silió, San Martín de Quevedo o Santos Cosme y Damián de Pie de Concha…
Minas de hierro y cobre
Una vez más, la Historia aporta datos para entender esta concentración de monumentos en un espacio tan reducido. Los romanos, tras dominar a los bravos cántabros, hicieron del curso del Besaya el principal paso desde la Meseta al Cantábrico, comunicando la ciudad de Julióbriga (junto a Reinosa) con Portus Blendium (Suances). Para ello, construyeron la calzada que todavía hoy puede recorrerse en el tramo citado. Durante la Edad Media, esta ruta era utilizada por los peregrinos que enlazaban con el Camino de Santiago en Santillana del Mar, y fue éste mismo el eje por el que se desarrolló la vía comercial de la lana y del trigo de Castilla hacia los puertos de Europa.
La existencia de minas de hierro y cobre y las consiguientes ferrerías, antecedentes de las actuales fundiciones, además de las industrias harineras y la madera de los bosques, contribuyeron también a la riqueza del valle. La construcción del ferrocarril, en tiempos más cercanos, aportó una nueva vitalidad al territorio.
El paisaje sosegado de Iguña encierra una caja de sorpresas que conviene explorar deteniéndose en cada pueblo, adentrándose por pequeñas carreteras y caminos como los que llevan desde Arenas de Iguña a la cabecera del río Llares o hacia el remoto valle de Anievas. También es aconsejable ascender entre hayas al Pico Jano, un observatorio a 1.288 metros de altitud.

Desde Torrelavega, la N-611 atraviesa los valles de Buelna e Iguña.
Comer:
En Helguera de Iguña, Taberna Miguel ( 942828505), especialidad en cocido montañés, verduras y bacalao; menú de lunes a viernes, 6 e; fines de semana, 9 e; a la carta unos 20 e.
En Santa Cruz de Iguña, Restaurante Ruher ( 942828193), cocido y chuletas; menú de lunes a viernes, 6 e; a la carta, unos 15 e.
En Valdeiguña (San Cristóbal, en la carretera entre Las Fraguas y Los Llares), Mesón Veracruz ( 942826617), garbanzos con almejas, sardinas en salsa, carnes y postres caseros; menú lunes a viernes, 6,5 e; a la carta, unos 15 e.
Dormir:
En La Serna de Iguña, Corral Mayor ( 942826674 y 625470229), estupendo alojamiento rural en una casona; habitación doble, 45 a 65 e.
En Helguera de Iguña, Posada Los Duendes ( 942828337), casa rural muy agradable; habitación doble, con precios entre 36 y 42 e.
En Las Caldas de Besaya, Hospedería Nuestra Señora de Las Caldas ( 942819232), situada junto al monasterio del mismo nombre; habitación doble, 56 e, desayuno incluido en la oferta.
Senderismo: En los valles del Besaya hay una red de senderos de Pequeño Recorrido (PR) y Gran Recorrido (GR) perfectamente señalizados.
Información: Oficina de Turismo de Torrelavega, edificio de la Cámara de Comercio, c/ Juan José Ruano, 9, 942892982.
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El valle de Iguña es una de las zonas de Cantabria donde mejor se han conservado o recuperado algunas fiestas tradicionales. Aunque la mayoría de ellas tiene lugar en verano, merece la pena saber de su existencia y buscar un hueco en la agenda para disfrutarlas. Así por ejemplo, en Las Fraguas se celebra una procesión por el pueblo y los alrededores para conmemorar el día de El Carmen, con la particularidad de que los vecinos del municipio encienden velas en los balcones y portones de las casas, además de prender hogueras en los montes cercanos.
En Molledo, el 19 y 20 de julio marcan la festividad de la Virgen del Camino, con feria ganadera y carreras de caballos. En Silió se conserva la Maya, una antigua tradición según la cual, los mozos suben al monte el 25 de julio, buscan el árbol más alto y recto y bajan al pueblo a plantarlo. También Silió es el escenario –el primer domingo de enero– de un carnaval tradicional, la Vijanera, que antes tenía lugar en todo el valle. Los disfraces abarcan una amplia gama de personajes, pero el central es un oso, personificación del mal, que acaba en la hoguera.
En el Antruido, que se celebra en Helguera de Iguña, el que resulta quemado es el muñeco representativo del personaje más impopular del año, al que se le dedican coplas satíricas y se le hace un juicio público. Los activos vecinos de Helguera de Iguña organizan también cada año en el mes de julio El Carmuco, un festival de música folk con grupos de Cantabria, Asturias y Euskadi.







