El Correo

Madrid, 30 nov (EFE).- El Prado cumplirá en 2019 su bicentenario pero es desde 2002 cuando ha empezado a adquirir las dimensiones que lo convertirán en el "Gran Prado", un proyecto posible gracias al talante de consenso que ha caracterizado la gestión de Miguel Zugaza, el más joven y longevo director del museo en democracia.

Zugaza (Durango, Bizkaia, 1964) ha anunciado hoy a la Comisión permanente del Real Patronato su decisión de dejar en 2017, cuando se cumplirán 15 años de su mandato, su cargo para volver a dirigir el Museo de Bellas Artes de Bilbao, cuyo actual responsable se jubila.

Según ha dicho hoy el ministro de Educación, Cultura y Deporte, Íñigo Méndez de Vigo, Zugaza le comunicó "hace tiempo" su deseo de hacerse cargo del museo de Bilbao -que ya dirigió entre 1996 y 2002 y al que considera su "baptisterio"- y regresar, después de quince años lejos de su familia -su mujer y sus hijos residen en Durango-, a su ciudad.

"Siempre entiendo las razones personales", ha subrayado el ministro, que ha añadido que el Museo de Bellas Artes de Bilbao ha fichado a "un galáctico".

Será el próximo año cuando Zugaza, que también fue subdirector del Reina Sofía, cumpla tres lustros al frente del Prado, es decir, es el director que más tiempo ha estado en democracia, y el más joven -empezó con 37 años- de todos.

Cada viernes, según explicaba hace un mes a EFE, ha tenido claro que podían cesarle en el Consejo de Ministros aunque a él, decía entonces, "le gustaría seguir".

"Para un profesional del arte -es historiador del Arte- dirigir un museo como este es un sueño", confesaba.

Ningún viernes estuvo más cerca que otro de ser cesado, que él supiera, aunque sí se planteó en alguna ocasión que "si no se cumplían una serie de condiciones" no seguiría.

Su gestión de Prado, que tiene inventariados 27.509 objetos, más de 7.800 de ellos pinturas, de las que sólo se exhiben unas 1.150, se ha caracterizado por la ausencia de polémicas y el empeño de modernizar la pinacoteca, situándola en el universo digital y ampliando sus límites físicos.

En este tiempo se ha elaborado la Ley del Prado, que ha dotado al museo de mayor autonomía; se ha incorporado el claustro de la iglesia de los Jerónimos; se ha abierto al arte moderno del XX; ha organizado la primera exposición dedicada a una mujer y se ha abierto al mundo digital y más horas al "presencial".

Si la digitalización lleva siendo un hecho ya varios años, ha habido que esperar hasta el pasado 24 de noviembre para conocer que han sido los arquitectos Norman Foster y Carlos Rubio los ganadores del concurso para rehabilitar el Salón de Reinos del Prado.

Ellos serán los encargados de ampliar físicamente la pinacoteca en 5.700 metros cuadrados, de los que casi 2.600 serán de superficie expositiva, unas obras que empezarán, probablemente, en 2019.

Zugaza estimó en la presentación que se trataba de una propuesta urbana "muy interesante" para el funcionamiento del campus del Prado.

El director de la pinacoteca, que seguirá siéndolo "mientras no se produzca el relevo efectivo", explicaba que su ambición era que el nuevo Gobierno retomara, tras la "dura crisis" y los recortes inherentes, "las aportaciones públicas a las instituciones culturales".

El año del que más orgulloso se sentía, decía a EFE, era 2013 porque fue el que sufrieron mayor recorte y, sin embargo, subieron un 15 % los visitantes.

"Yo no sé qué diferencia hay entre un hospital, un museo y una escuela. Son tres instituciones públicas que prestan un servicio público. Y nadie pone en duda que la escuela, el colegio o el hospital tienen que formar parte de los gastos del Estado; en cambio, a la cultura, en general, se nos ha pedido que hagamos un esfuerzo mayor de financiación y que tengamos resultados económicos", recalcaba Zugaza.

El Prado, con 45 millones de euros de presupuesto al año, lleva haciendo un gran esfuerzo desde que en 2003 se aprobó la Ley reguladora del Prado y si el objetivo entonces era que el museo alcanzara el 50 % de su financiación, y el otro 50 % con aportaciones públicas, el año pasado se cerró con 72 % de autofinanciación.

El museo, en el que trabajan 408 personas en plantilla y otras 300 están vinculados de una u otra forma, ha seguido batiendo récord de visitas, como con la exposición sobre El Bosco de este verano, con 600.000 personas.

"En el Prado nunca hacemos una gran exposición para conseguir un nivel de audiencia. Eso es un error. Quien programe así se equivoca. La exposición del Bosco es excepcional y no se va a repetir. Y confundir la audiencia con éxito del museo es un error", advertía.