El Correo

Bilbao, 29 nov (EFE).- "Se me fue la cabeza. Sólo quiero pedir perdón", han sido las últimas palabras del acusado de matar a su novia en octubre del año pasado en Erandio en el juicio seguido en Bilbao, en el que las partes personadas han acordado atenuar la pena inicialmente pedida para él por el trastorno psíquico que padece.

La Audiencia de Bizkaia ha acogido hoy la última sesión de la vista oral del juicio por este caso, con la previsión de que mañana los miembros del jurado comiencen las deliberaciones para emitir un veredicto para J.V.D.G, de 39 años, quien ha admitido haber matado a su novia Almudena Matarranz el 3 de octubre del año pasado en la vivienda del hombre en Erandio (Bizkaia).

Durante la sesión, el acusado ha permanecido cabizbajo y ha aprovechado el turno de palabra que le ha concedido el magistrado Alfonso González-Guija al término de la vista oral para, con voz entrecortada, "pedir perdón a la familia de Almudena".

En un ejercicio poco habitual en los tribunales, todas las partes en este caso han llegado a las mismas conclusiones sobre cómo ocurrieron los hechos y la calificación del delito, ya que el acusado y su defensa han mostrado su conformidad con la modificación de las conclusiones provisionales inicialmente formuladas por las acusaciones.

Según han explicado las partes, la Fiscalía, la acusación particular en defensa de la fallecida y la Abogacía del Estado han presentado un escrito conjunto, al que se ha adherido el acusado, en el que se mantiene la acusación por un delito de asesinato con alevosía, pero con una petición de pena de 12 años de prisión -inferior a los 14 inicialmente solicitados- e internamiento en un centro psiquiátrico.

Se trata de "una atenuación muy importante" para el delito del que se le acusa, han indicado, pero "cuando hay un trastorno, la pena hay que atenuarla", han sostenido.

En su escrito, las partes sostienen que los hechos juzgados son constitutivos de un delito de asesinato con alevosía porque la víctima sufrió un ataque "imprevisto" por parte de su novio, que no se esperaba, lo que impidió que se defendiera, según han explicado.

Las partes mantienen la agravante de parentesco, pero suprimen la de género, tras declarar ayer un médico forense que este caso no es de violencia de género, y mantienen la eximente incompleta de enajenación mental.

Según han argumentado, el especialista citado expuso ayer que el acusado tenía en el momento del crimen sus facultades mentales muy disminuidas por el trastorno de personalidad, cercano al delirio, que padece, pero no las tenía anuladas.

El acusado "sabía lo que había hecho y sabía que estaba mal", ha sostenido la acusación particular, como, a su juicio, lo demuestran determinados actos de J.V.D.G. posteriores a la muerte de su novia, cuando escondió el cadáver debajo de una cama, negó "dos veces" conocer el paradero de la víctima o "se resistió a ser detenido".

Las acusaciones, con la conformidad del acusado, reclaman también medidas de alejamiento de J.V.D.G. hacia los familiares de la víctima y hacia dos antiguos compañeros de colegio -una mujer y un hombre-, a los que situaba en el centro de un complot en su contra, del que creía que su novia formaba parte en el momento en el que la mató.

En el escrito acordado, se recoge que existe alto riesgo de agresividad del acusado hacia esos dos excompañeros.

Las acusaciones mantienen también la petición al acusado de una indemnización de 60.000 euros para los padres de la víctima y de 30.000 euros para su hermano.

Según la acusación particular, la familia solicita la indemnización que es de ley, pero "el dinero no le importa", ni se mueve por venganza. Han estado presentes en el juicio "para que tengamos en cuenta que existió y no nos olvidemos de ella", ha indicado.

En su intervención, el abogado defensor del acusado ha relatado que su defendido es "una persona enferma", que padece una dolencia mental hace "bastantes años", y ha considerado que Osakidetza no hizo el seguimiento adecuado del tratamiento al que estaba sometido J.V.D.G., que tomaba unos antisicóticos y antidepresivos "bastante fuertes".

Tras indicar que cuando un enfermo de este tipo deja de tratarse "puede ser una bomba de relojería", ha indicado que el acusado "dejó de tomar los medicamentos y ocurrió lo que ocurrió".

El letrado, que en contra de lo expuesto por la Fiscalía ha asegurado que la víctima conocía el trastorno que padecía su novio, ha destacado que en el año que lleva en prisión está recibiendo un buen tratamiento y ha considerado que lo ideal es seguir con él "no sé si en prisión" o "en un centro médico cerrado".

A su juicio, con un tratamiento adecuado el acusado puede encauzar su comportamiento y ser una persona "rozando la normalidad".