El Correo

Bilbao, 17 oct (EFE).- El Museo de Bellas Artes de Bilbao expone desde hoy una retrospectiva dedicada al pintor Carmelo Ortiz de Elgea, compuesta por cerca de medio centenar de piezas que repasan una obra caracterizada por los paisajes figurativos de colores fuertes y grandes formatos.

"La naturaleza ha sido el motor de toda mi pintura, Me interesa ese punto agreste, un acantilado más que un paisaje plano", ha descrito hoy su obra Ortiz de Elgea (Vitoria, 1944).

De ahí también sus grandes formatos, porque Ortiz de Elgea aspira a pintar un "árbol en toda su dimensión, con su grandeza. Soy un barroco, lleno mucho el lienzo, y en el tamaño grande desarrollo muchas historias. Cuando veo tablas de cuarenta centímetros me dan envidia, soy incapaz de hacer una obra de 50 por 50" (centímetros).

Incluso hoy en día pinta en un pabellón, "lo que me obliga a hacer cuadros de tres por cinco; sería una gozada pintar una gran pared, como la de un frontón", ha bromeado el artista alavés.

"A veces -ha subrayado- meto figuran muy pequeñas para que por contraste se vea el paisaje más grande".

El paisaje forma parte de la obra de Ortiz de Elgea desde niño: criado en Aretxabaleta, un pequeño pueblo pegado a Vitoria, pintó desde los tres años su entorno rural, y desde entonces sin abandonar la figuración salvo en contadas ocasiones, ha plasmado paisajes "sofisticados y complejos", como los ha definido hoy el comisario de la muestra, Javier Viar, también director del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

La exposición se divide en seis secciones que atienden a otras tantas etapas de su trayectoria.

Hay unas pocas obras de su época temprana, 1963-1968, cuando estuvo influido primero por el paisajismo de la Escuela de Madrid, sobre todo por Benjamín Palencia, y cargó los lienzos con materia, al estilo Tápies.

Hacia 1968 realiza una serie de grandes paisajes de intenso cromatismo, donde aparecen personajes de todo tipo, como en "El baño", o "Contemplación del paisaje", donde un personaje desnudo mira abstraído hacia lo alto, como interrogándose por el sentido de mundo.

En 1973 dio un nuevo giro a su trayectoria y comenzó a hacer una pintura abstracta estructurada en grandes planos de color que configuran una especie de paisajes aéreos.

Esta etapa fue breve porque a comienzos de los años ochenta Ortiz de Elgea regresó a la figuración, como en "Animal herido", donde reaparece el interés por volver un paisaje identificable.

Éste es el registro en el que Ortiz de Elgea se ha mantenido desde entonces, con el paisaje predominando sobre la figura, como en "Contraluz" o "Personaje atravesando el bosque", donde las figuras han perdido su carácter individual y aparecen como sombras o espectros.

Sus últimas obras, hasta este mismo año, dejan espacio para los paisajes figurativos, algunos de ellos producto de sus numerosos viajes, como "Cabañas de pastor en California" o "El manglar", pintado a partir de un boceto tomado del natural en Guatemala.

Todas con la característica común de un mundo de energía creativa regido por el color y por el gesto pictórico.