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Sábado, 26 mayo 2012
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Gemma Mengual, la sirena que revolucionó la natación sincronizada

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Gemma Mengual, la sirena que revolucionó la natación sincronizada

Àlex Cubero
Barcelona, 15 feb (EFE).- Era verano de 2009 y Gemma Mengual explotaba de rabia. Impotente, veía cómo la ansiada medalla de oro en solo de los Mundiales recaía de nuevo en manos rusas, en una decisión conservadora de los jueces, reflejo del muro que tuvo que derribar esta nadadora española de sincronizada. Una revolucionaria que cambió por siempre esa modalidad, hasta erigirse en leyenda.
Gemma Mengual Civil (Barcelona, 1977) dice adiós precisamente cuando se cumplen dos décadas de su eclosión en la cima de la natación mundial. Fruto de esa generación que impulsó el deporte español hasta las cotas más altas, la "sirena de Barcelona" se retira como la deportista más laureada en la historia de su país.
Carismática fuera del agua, genial dentro de ella. Su derroche de talento natural, plasticidad y espontaneidad quebrantaron todo lo visto hasta entonces, en una disciplina dominada por las atávicas rusas y japonesas. Arte, transgresión, potencia física, disciplina y gracia innata se fundían en el cóctel de una nadadora pionera, que propulsó una disciplina hasta entonces prácticamente desconocida en España.
A los nueve años se inició en la sincronizada en el club Kallipolis de Barcelona, imitando los pasos de su prima Judith y seguramente siendo poco consciente de lo que implicaría esa decisión para su futuro. Y menos aún para el del deporte español y mundial.
Su descubridora, Anna Tarrés, la llevó al equipo nacional en los Juegos Olímpicos de Barcelona'92. Dos décadas después, los de Londres de este año habrían supuesto su cuarta cita olímpica. A sus 34 años, sus vitrinas suman 37 medallas, dieciocho de ellas en Mundiales, diecisiete en Europeos y dos platas olímpicas.
Su consolidación internacional no llegó hasta el año 2000, a partir del Europeo de Helsinki. Tres años después, en los Mundiales de Barcelona, su liderazgo impulsó a un equipo que empezaba a quebrantar el viejo orden, eclipsando a potencias como Japón, Estados Unidos o Canadá, aunque sin llegar a tumbar la tiranía rusa, fruto también del clasicismo aún imperante en los jueces.
Erigida en un referente de la natación sincronizada, uno de sus puntos álgidos lo alcanzó en 2008, al reinar con cuatro medallas de oro en el Europeo de Eindhoven (solo, dúo, equipos y combinado) así como con dos platas en los Juegos de Pekín, en dúo y equipos.
Al año siguiente, Gemma participó en su última competición oficial, los Mundiales de Roma de 2009, que dejaron la imagen amarga de sus lágrimas por no lograr el ansiado oro en individual. De nuevo en poder ruso, de nuevo por una decisión discutible de los jueces. Como en Atenas. Como en Melbourne. Como en tantas otras ocasiones.
"Estaba claro que ésta vez podía ganarla seguro, pero los jueces son los que no han querido", se lamentaba Gemma tras su imborrable e innovadora ejecución de la versión de Ray Charles del 'Yesterday' de los Beatles, en las aguas del Foro Itálico de Roma, puntuado en 98.333, por detrás del 98.833 de la rusa Natalia Ishchenko.
Aún así, esa decisión no oscureció la que fue una de sus mejores competiciones, en la que sumó un total de seis medallas de plata y un oro, el único de España en unos Mundiales.
Candidata ese mismo año al Premio Príncipe de Asturias, aquella fue la mejor despedida posible. Paulatinamente fue dejando a un lado sus entrenamientos para centrarse en un nuevo reto, el de ser madre. Sabía que era el momento y en noviembre de 2010 nació su hijo Nil.
Licenciada en Gemología, hincha del RCD Espanyol y ahora empresaria, pues posee un restaurante de comida japonesa en el municipio de Sant Cugat del Vallès (Barcelona), su intención era poner el colofón a su carrera en los Juegos de Londres.
Pero aunque había vuelto a sumergirse en el cloro desde hacía un año, finalmente ha decidido, a pocos meses de la gran cita, escribir su punto final. Atrás deja un legado excepcional y un futuro prometedor para la natación sincronizada, ahora en manos de sus sucesoras, las prometedoras Andrea Fuentes y Ona Carbonell.
Ambas han sido las discípulas aventajadas de una deportista inigualable. Su larga melena rubia y su sonrisa infinita son ya un icono en la memoria del deporte y de la natación. Sin ella, nada será igual. Gracias a ella, ya nada volverá a ser como antes. EFE
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