Maarouf uld Daa
Nuakchot, 14 feb (EFE).- Mauritania vive una de las más graves crisis humanitarias de los últimos años con la llegada de miles de refugiados malienses que huyen de los combates entre el ejército de su país y los rebeldes tuaregs, confirmaron hoy autoridades locales y representantes de ONG en la zona.
Son más de 14.000 los refugiados tuaregs, mayormente niños, ancianos y mujeres, llegados desde mediados de enero a la región del extremo este de Mauritania, fronteriza con Mali.
Actualmente, esos refugiados malienses viven en "condiciones lamentables", deploró en una entrevista con Efe Mohamed uld Sidi, miembro del Consejo Local de Basiknu, de la que depende la ciudad de Vasala, a 3 kilómetros de la frontera, donde hasta el momento están siendo alojados.
Muchos de los refugiados han montado sus propias tiendas, similares a las que sirven de vivienda habitual a este pueblo nómada, pero otros subsisten en refugios precarios consistentes en dos trapos colgados de unos maderos cruzados, añadió uld Sidi.
El responsable mauritano, que acaba de visitar el campamento, subrayó que la llegada permanente de otros refugiados dificulta más la organización de ayuda, proporcionada por el estado en coordinación con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).
Otro testigo recién llegado de la zona destacó "el olor nauseabundo" que impregna todo el campamento, debido a la falta de letrinas y al humo procedente de la madera quemada que los desplazados utilizan para cocinar y que arrancan de cualquier matorral, lo que sin duda afectará a la cubierta vegetal en una región ya muy desertizada por la sequía que sufre todo el Sahel.
"La llegada en bloque de los primeros 6.000 refugiados a Vasala nos encontró desprevenidos", reconoció a Efe una fuente de la administración regional al referirse a que durante los primeros quince días la administración y la población se encontraron solos y sin recursos.
Más tarde, el ACNUR llevó a los campos de refugiados bienes esenciales como mantas, equipos de salud y mosquiteros.
El ACNUR añadió que "tomó las medidas necesarias para abastecer a a 5.000 refugiados con bienes esenciales, (además de) 1.200 tiendas de campaña familiares" que fueron transportados por avión hasta Mauritania.
No obstante, el número de tiendas se reveló de inmediato insuficiente, debido sobre todo a las rígidas tradiciones tuaregs, que prohíben terminantemente la cohabitación bajo el mismo techo entre hombres y mujeres que no pertenezcan a la misma familia.
El gobierno mauritano envió el domingo a la región una delegación compuesta por el ministro del Interior y el de Sanidad, más el Comisario para los derechos humanos, la acción humanitaria y las relaciones con la sociedad civil, pero la grave crisis está pasando casi desapercibida en Nuakchot y ni siquiera los medios de comunicación prestan gran atención.
Hasta el momento, el reparto de tareas en la atención a los refugiados la realiza el ACNUR mediante la provisión de tiendas, esteras y alimentos, mientras que el Estado mauritano garantiza la seguridad, el agua potable y la cobertura sanitaria.
El campamento está controlado por la gendarmería mauritana que no deja a nadie entrar sin autorización previa, informó un miembro del consejo local de Basinknu.
Sin embargo, las exigencias de seguridad debido a la proximidad de la zona con la frontera maliense y las consideraciones logísticas han llevado a las autoridades, en coordinación con el ACNUR, a anunciar el próximo traslado -en fecha por precisar- de los refugiados hacia otra zona que se encuentra a 18 kilómetros al este de Basiknu.
El nuevo campo, situado a 50 kilómetros de la frontera con Mali, sirvió antes como un lugar de acogida de los tuareg que huyeron de Mali debido a combates similares en los años noventa, explicó a Efe Elise Billechalane, encargado de comunicación de la delegación de ACNUR en Nuakchot.
Algunos de esos antiguos refugiados se quedaron hasta hoy en día en esta zona que dispone hoy en día de agua potable y de una escuela, aseguró Uld Sidi.
A la espera de su traslado a la nueva zona, los refugiados que siguen llegando a Mauritania sea a pie, en carro o raras veces en un vehículo se han resignado una vida al borde de la dignidad y en medio de un frío inusual. EFE