Buenos Aires, 24 may (EFE).- Tras cerca de cuatro años de cierre, el Teatro Colón de Buenos Aires, uno de lo más emblemáticos de América Latina y del mundo, se vistió de gala para levantar el telón con el esplendor de hace un siglo, pero con un moderno equipamiento técnico.
Más de 2.700 invitados, de los cuales unos 300 aguantaron de pie la gala, presenciaron la reapertura de este coliseo, en cuya remodelación el gobierno de la ciudad ha invertido unos 100 millones de dólares (más de 81 millones de euros).
Entre los asistentes estuvieron el presidente de Uruguay, José Mujica; el vicepresidente del Gobierno argentino, Julio Cobos; y el alcalde de la ciudad, Mauricio Macri, junto a dirigentes de la oposición, artistas y personajes de la vida social que desfilaron por la alfombra roja colocada sobre las escaleras de la fachada principal.
La gran ausente fue la presidenta argentina, Cristina Fernández, que anunció esta semana que no acudiría a la cita por su enfrentamiento político con Macri.
La elegancia de los invitados a esta función de gala -las señoras sacaron las pieles del armario, los vestidos de lentejuelas, tocados, sombreros....-, y que desfilaron a la entrada por la alfombra roja, han devuelto al Colón el glamour de otras épocas.
Una guardia de honor del Regimiento de Patricios custodió el impresionante hall de acceso al patio de butacas, con capacidad para 2.500 personas, que esta noche estaba abarrotado.
Menos afortunados fueron los aproximadamente 300 invitados, entre ellos un puñado de corresponsales extranjeros, que asistieron a la función de pie desde el "paraíso" del tercer piso, al que se accede tras escalar una empinada escalera.
En su reapertura, el Colón ofreció, con casi media hora de retraso según lo previsto, un programa que incluyó el tercer acto del ballet "El lago de los cisnes", de Tchaikovski, y el segundo de la ópera "La Bohéme", de Giacomo Puccini, a cargo de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires.
Además de los privilegiados que pudieron acceder al teatro, decenas de miles de personas siguieron la gala a través de las pantallas gigantes instaladas en el "Paseo del Bicentenario", sobre la Avenida 9 de Julio, la más ancha de Buenos Aires.
La puesta de largo del Colón estuvo precedida por un espectáculo de luz y sonido que proyectó sobre una de las fachadas del teatro imágenes de algunas de las grandes figuras que pisaron su escenario, como María Callas, Enrico Carusso, Luciano Pavarotti o los españoles José Carreras, Montserrat Caballé y Plácido Domingo.
Entre los invitados especiales destacó la mezzosoprano española Teresa Berganza, que se considera ya la "madrina" de la reapertura de este "templo sagrado" de la música que es el Colón de Buenos Aires.
También acudió el bailarín argentino Julio Bocca, quien comenzó su carrera en el Colón y hoy afirmó que es "maravilloso" que el teatro vuelva a abrir sus puertas.
Su compañero Maximiliano Guerra recuerda todavía sus escapadas como estudiante a la terraza del Colón para disfrutar de la vista de la ciudad, y las amonestaciones que se ganó por utilizar la rotonda del teatro para jugar al fútbol.
Atrás han quedado las aventuras de Guerra y Bocca como estudiantes del Colón y los años en que el teatro fue cayendo en el abandono progresivo hasta obligar a su cierre, en noviembre de 2006, tras un concierto de Mercedes Sosa.
Cuando comenzaron los trabajos en su interior, los restauradores se encontraron un panorama desolador, con toneladas de basura y deshechos amontonados bajo los pisos de mosaico, el escenario y hasta en el interior del sistema de calefacción.
Más de mil personas han trabajado en la recuperación de este coliseo de 60.000 metros cuadrados, en el proyecto de restauración patrimonial "más grande de la historia de Argentina", según Mateo Goretti, coordinador de las obras.
El proyecto ha incluido una restauración completa para dejar el teatro como estaba en su inauguración, el 25 de mayo de 1908, pero dotado, a la vez, del más moderno equipamiento técnico y artístico.
El cuidado que se ha puesto en la restauración, utilizando en la medida de lo posible elementos originales, ha permitido conservar la mítica acústica del Colón.
En la sala principal, los palcos lucieron esta noche sedas rojas y amarillas, y butacas rellenas con crin de caballo, lana y algodón, como hace un siglo.
El salón dorado, inaugurado con motivo de las fiestas del Centenario, en 1910, luce desde hoy sus láminas de oro y sus impresionantes arañas, restauradas por el artista de ascendencia catalana Juan Carlos Pallarols.